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FineArt Igualada: imágenes del mundo con mirada local

El festival de fotografía FineArt Igualada llega este año a su tercera edición con un programa de actividades que incluye exposiciones, debates, talleres y visitas guiadas que tienen lugar en diferentes espacios de la ciudad. Este evento reivindica la fotografía como expresión artística a través de la obra de más de 30 fotógrafos internacionales que encarnan realidades, estilos y miradas distintas pero que comparten una misma capacidad para expresarse para “escribir con la mirada, escribir con luz”.

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Más de 20 espacios, como el Museu de la Pell, el Ateneu Igualadí, o La Cotonera se convierten entre el 6 y el 22 de marzo, en salas de muestras fotográficas efímeras. El festival – organizado por el Ayuntamiento de Igualada y la Agrupación Fotográfica de Igualada (AFI)- no pierde la dimensión local: la oportunidad de potenciar y hacer visible el trabajo de fotógrafos igualadinos y estudiantes de ocho escuelas catalanas de fotografía.

Entre los participantes de este año destacan reconocidos fotógrafos como Raúl Urbina, el fotógrafo y director de cine Carlos Saura, el japonés Taichi Gondaira, Pepe Encinas, Eugeni Gay, Marc Balló, Vicenç Rovira, Pol Viladoms o el desaparecido fotoperiodista Paco Elvira. En su tercera edición, FineArt Igualada sigue apostando por consolidarse como cita de referencia en el circuito fotográfico y convertirse al mismo tiempo en un proyecto arraigado a la ciudad.

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El interés por las exposiciones de fotografía, en especial de fotoperiodismo, sigue creciendo en los últimos años. No siendo muestras especializadas, estas propuestas suelen atraer a un amplio segmento de público que se siente atraído por unas imágenes susceptibles de ser fuente de indignación, inspiración o emoción. Inducida por una larga polémica, que avivará la curiosidad de muchos, finalmente la organización del certamen World Press Photo ha retirado el primer premio (categoría problemáticas contemporáneas) al fotógrafo Giovani Troilo por incumplimiento de las normas del concurso. Hacer trampas le ha costado el prestigio, además de algunas, más que probables, enemistades en Charleroi (la ciudad belga fotografiada, con crudeza, en el polémico reportaje).

Hoy en día no se requiere gran habilidad, sólo un móvil -smartphone- a mano, para captar un instante que puede dar la vuelta al mundo de forma gratuita, inmediata y de alcance inimaginable (¿de qué color era el dichoso vestido?). Quizá en mitad de esta vorágine, es buen momento para volver a detenerse, cara a cara, ante de una imagen exhibida en un museo, en una antigua fábrica textil o en un mercado.

Júlia Tardà

MagmaCultura

2015. Aproximación a los retos del sector cultural frente las previsiones de las tendencias digitales

Más allá de la aparente modernización de los museos con campañas de Twitter como #museumselfie, ¿se aprovechan realmente todas las posibilidades de las tecnologías en todos los ámbitos de la gestión cultural?

Hace poco tuvo lugar la segunda edición internacional del #museumselfie, una iniciativa que invita a los ciudadanos a tomar una foto de sí mismos ante sus colecciones preferidas y compartir en las redes sociales como Instagram o Twitter, en un 2015 en que el regalo estrella de estos reyes magos ha sido precisamente el gadget para hacerse selfies. Aunque la idea es, cuando menos, simple, la acogida es masiva y la creatividad de los instagramers no deja de sorprender a una red que se ve por un día inundada de cultura. El Museu del Disseny de Barcelona, por su parte, pone en marcha un perfil de Pinterest, donde integra obras de las colecciones de artes decorativas, cerámica, diseño de producto, textil, indumentaria y artes gráficas. Una red hasta ahora minoritaria pero muy apropiada para la temática del museo y que cuenta con unas buenas perspectivas de crecimiento.

Algunas experiencias como éstas pueden dar lugar a pensar que realmente el mundo del arte se encuentra integrado en el proceso de digitalización, y es cierto que son experiencias interesantes o enriquecedoras, pero más allá de la comunicación digital en contadas ocasiones se están aprovechando todas las oportunidades que la tecnología brinda. ¿Y sobre la gestión de públicos? ¿La integración de las tecnologías para enriquecer y personalizar la experiencia del visitante en los museos?

Les TIC en la gestión cultural

Los cambios de fondo aún están por llegar. Podemos ver un ejemplo claro en la conversación que estos días tenía lugar en Twitter en torno a las exposiciones del CaixaForum. Este centro prohíbe colgar en la red imágenes de sus exposiciones y está afectando a su influencia en las redes sociales. El motivo: los derechos de autor de las obras que limitan la capacidad del centro para dinamizar los contenidos en internet. Precisamente la legislación en materia de derechos de autor es de los elementos más conservadores y complejos de modernizar. El sector de la gestión cultural, muchas veces más cultural que gestor, se debe tomar en serio este reto. En el ámbito musical o audiovisual ya aparecen plataformas como Filmin o Spotify que permiten que los autores sean remunerados por su trabajo ajustándose a nuevas dinámicas de consumo por parte de los ciudadanos, pero en sector artístico queda mucho por reflexionar cuál puede ser la manera de hacer el encaje entre las obras y el consumidor.

En relación a los diferentes tipos de licencia, aparecen iniciativas interesantes como la reciente liberación de miles de imágenes por la Wellcome Images Colletction de Londres bajo la licencia Creative Commons (CC BY). Son más de 100.000 imágenes, incluyendo manuscritos, pinturas, grabados, fotografía primitiva y anuncios, que están disponibles gratuitamente a través de Wellcome Images. En este fondo se pueden descargar directamente imágenes de la colección londinense para que los usuarios libremente puedan copiar, distribuir, editar, manipular. Un rico patrimonio de imágenes históricas, que van desde antiguos manuscritos médicos de aguafuertes de artistas como Vincent van Gogh y Francisco Goya.

Algunos museos catalanes empiezan a trabajar a pequeña escala y con el apoyo de voluntarios de Amical Wikimedial en esta línea. Pero el hecho que la iniciativa surja de la sociedad civil y desde el voluntarismo implica que realmente se encuentra en los últimos peldaños de la escala de prioridades en un contexto complejo para el sector.

Uno de los retos que propone la digitalización en el sector cultural es precisamente como el arte toma sentido más allá de las paredes físicas de las instituciones culturales: museos, centros de exhibición, galerías, etc. En este punto es interesante citar ‘ The Art Everywhere project ‘ que tuvo lugar en 2013. La ciudad de Londres se llenó de obras de arte: carteleras, paradas de autobús, grandes ejes viarios, estaciones de tren y de metro, centros comerciales y edificios de oficinas, entre otros lugares. Unos 2.000 autobuses de Londres y 1.000 taxis negros transportaban las obras de arte por la ciudad londinense. Los usuarios de smartphones podían descargar una aplicación a través de Blippar lo que les permitía apuntar con sus teléfonos y tener acceso a la información digital sobre cada pieza. Una aplicación utilizada de manera regular por el mundo publicitario.

Y precisamente, entre las aplicaciones a las que conviene estar atento este 2015, encontramos Google Now, y aquí citamos como síntoma de la dirección en la que van las cosas. Es una de las muchas aplicaciones que mejora la experiencia del usuario agregando información de por ejemplo: las atracciones más cercanas como bares, restaurantes, museos; en función de las preferencias del usuario, Esta aplicación también puede usarse para obtener información cuando el propietario de un smartphone pasa por delante de una tienda que dispone de un producto que busca. ¿Pueden las instituciones culturales aprovechar las posibilidades de la hiperpersonalització del contenido para ofrecer contenidos a personas con diversidad funcional? ¿Y ofrecerle información que sea de interés en función del consumo cultural reciente? ¿Puede, a su vez, servir para mejorar en el ámbito de la gestión de públicos? Queda claro que más allá de las campañas de comunicación en las redes, estos son los retos por donde pasa el cambio de paradigma en la cultura.

Werables en la cultura

El mundo de los ‘Werables’ es también un campo por explorar en cultura. 2014 ha sido el año en que las empresas han comenzado a presentar objetos inteligentes que poco a poco irán inundando el mercado: ropa inteligente, las Google Glass, etc. su aplicación en el sector tardará todavía, pero empiezan a aparecer experiencias interesantes que han de abrir nuevos campos de acción y de creación. Es el caso de la Fashion Wearable Orchestra que sustituye los instrumentos para ropa elástica que reacciona a los movimientos corporales. Cada prenda tiene un sonido diferenciado y a través de diferentes sensores de elasticidad reproducen el sonido de los movimientos de los bailarines.

Así pues, las intersecciones entre la tecnología y el arte no se limitan al ámbito de la gestión, en materia de la creación artística empezamos a encontrar creaciones que tienen muy presente estas posibilidades.

Precisamente, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía arranca en 2015 con ‘Sistema Operativo’, una interesante exposición de uno de los principales referentes del net art en España, Daniel G. Andújar. Con una reflexión sobre las tecnologías y el riesgo de la brecha digital que los interesados en este campo no pueden dejar de visitar.

Es necesaria una apuesta arriesgada que implemente el formato beta permanente

Estas son sólo unas reflexiones cazadas al vuelo que intentan medir el pulso de la contemporaneidad agitada, líquida y veloz. Pero el cambio de mentalidad del sector va más allá de la implementación de acciones concretas, de objetos inteligentes diversos, o exposiciones y actividades que los incorporen, el sector debe adaptarse a un entorno constantemente cambiante, innovador, disruptivo e incierto debe ser capaz de convertirse en una beta permanente de sí mismo en constante evolución.

Algunos de los ejemplos tienen su referencia en: https://lestraperlista.wordpress.com/2015/01/13/tendencias-culturales-que-ya-estan-aqui-2015/

Laura Quinto
MagmaCultura

El Museo Olímpico y del Deporte: un museo accesible

El 3 de septiembre de 1992, tres semanas después de la clausura de los Juegos Olímpicos de Barcelona, se inauguraron los novenos Juegos Paralímpicos, celebrados también en la capital catalana.

Los Juegos Paralímpicos de Barcelona, tal y como los describen muchas figuras destacadas del olimpismo, jugaron un papel clave en el proceso de integración de los movimientos «paralímpico» y «olímpico», hacia una renovada interpretación cultural del olimpismo en clave de igualdad y de sostenibilidad. El grado de elaboración y de convergencia con los Juegos Olímpicos en sí fue todo un hito histórico. El lema escogido, “Deportes sin límites», era perfectamente coherente con la visión del Olimpismo moderno formulada por Pierre de Coubertin. Para él, los valores centrales del deporte radicarían en el modo, en el espíritu con el que un atleta, como ser humano completo, actúa y tiene éxito, a menudo a pesar de obstáculos aparentemente insuperables (1).

El Museo Olímpico y del Colom, en Barcelona, se inauguró años más tarde, en 2007, y su configuración arquitectónica y museística bebe directamente del aprendizaje que supusieron los Juegos Paralímpicos de Barcelona en términos de accesibilidad para personas con problemas de movilidad.

De hecho, en 2003 se publicó el Libro blanco de la accesibilidad, de Enrique Rovira-Beleta, que es el resultado de una iniciativa del Comité Olímpico Internacional y la Fundación Barcelona Olímpica (la entidad que gestiona el museo ) destinada a analizar la accesibilidad a los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Barcelona ’92.

Con este proyecto se estudiaban la mejora de la accesibilidad y la supresión de las barreras arquitectónicas. Los edificios, las instalaciones y el mobiliario que se conciben de este modo no sólo son más amigables y transitables para las personas con discapacidad física, sensorial o psíquica permanente, sino también para las personas mayores, para quienes presentan una reducción temporal de movilidad o de percepción y para todos los usuarios en general.

Fiel a este aprendizaje, el Museo Olímpico se accede a través de una rampa perfectamente transitable con silla de ruedas (o con cochecito para niños), y las vitrinas de la exposición permanente están elevadas y muchas no tienen cristales, de forma que una persona con silla de ruedas no encuentra ningún impedimento para acercarse a los objetos expuestos. Se trata de un concepto de accesibilidad que, como describe el Libro blanco, existe pero pasa desapercibida para la mayoría de usuarios.

Asimismo, el auditorio situado en la planta baja está pensado para poder acceder fácilmente con silla de ruedas, gracias a los amplios espacios laterales y en la rampa que sube al escenario.

Pero más allá de estos primeros pasos dirigidos a eliminar las barreras físicas a la arquitectura, que incluyen también la instalación de ascensores y baños accesibles, el concepto de accesibilidad aplicado a museos implica iniciativas para facilitar el aprendizaje y el conocimiento de la colección, incluyendo así a las personas con discapacidad sensorial o intelectual.

Un buen ejemplo que está considerando el Museo Olímpico es la posibilidad de ofrecer talleres específicos para personas con discapacidad visual, para que puedan tocar determinados objetos de la colección o relacionados con el mundo del deporte.

Otro ejemplo son las acciones de comunicación que se llevan a cabo a través de diferentes federaciones y asociaciones de personas con discapacidad, para favorecer que este colectivo conozca la colelección y pueda disfrutar de la experiencia propuesta por el museo.

Asimismo, entre las actuaciones que se llevan a cabo regularmente, hay que incluir las visitas de profesores de escuelas de sordos que, una vez familiarizados con el museo, pueden replicar la visita utilizando el lenguaje de signos. También se reciben visitas de grupos de personas con discapacidad psíquica, que cuentan con sus propios monitores especializados.
En esta misma línea, también hay que tener en cuenta que el museo es gratuito para las personas con discapacidad, así como por los mayores de 65 años.

En definitiva, el Museo Olímpico y del Deporte se toma muy en serio el aprendizaje aportado por el movimiento paralímpico, y la accesibilidad está presente incluso como elemento transversal a los diferentes programas del museo. Se trata de un proceso siempre en marcha y con la voluntad de ofrecer una experiencia satisfactoria (no sólo a las personas con discapacidad, también a las personas mayores, a las familias con niños y al público en general), para que todo el mundo pueda percibir el museo como un recurso cultural y de ocio disponible y pueda disfrutar de las instalaciones, la colección, los servicios y las actividades.

(1) Ver el artículo de Fernand Landry, “Los Juegos Paralímpicos y la integración social”, aparecido por primera vez en Las claves del éxito, en 1994.

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MagmaCultura

Museo Nacional de Ciencia y Tecnología de España, nueva propuesta científica, histórica y educativa

El Museo Nacional de Ciencia y Tecnología de España (MUNCYT) abre de nuevo sus puertas en Alcobendas, en el mismo edificio en el que hasta ahora estuvo ubicada la sede de CosmoCaixa. Desde el pasado 12 de Diciembre se puede visitar este nuevo espacio en el que se combina la magnífica colección de instrumentos científicos del MUNCYT con espacios dedicados a la experimentación y conocimiento práctico de la Ciencia y la Tecnología.

Entre los principales objetivos del museo se encuentra la promoción de la Ciencia como una parte más de nuestro patrimonio cultural, y que, como tal, debe de ser estudiado, conservado y divulgado para generaciones futuras. De esta forma, se pone en valor el patrimonio científico y técnico español, haciendo hincapié en la importancia que ha tenido nuestro país en el avance de la Ciencia y la Tecnología a nivel mundial.

La importante colección del MUNCYT atesora multitud de instrumentos y piezas de un gran valor histórico y que son fundamentales para conocer nuestra historia científica y la evolución del conocimiento y la innovación en multitud de ámbitos de nuestra vida diaria, así como en la educación y en la investigación. La exposición de las piezas se divide por ello en diferentes espacios y secciones que nos ayudan a comprender cómo ha cambiado nuestra vida gracias a todas estas “obras de arte” científicas.

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Los avances más significativos en ámbitos tan esenciales hoy en día para nosotros como son la medicina, los medios de transporte, la comunicación, el ocio o la vida cotidiana en el interior de nuestras casas se recogen en la sección Patrimonio, en la que se pueden encontrar piezas de un gran valor histórico como un biberón del siglo I, la cámara fotográfica Hasselblad, idéntica a las utilizadas en el primer viaje a la Luna o uno de los primeros velocípedos de Rudge.

Espacio y Tiempo alberga piezas que, por su antigüedad y relevancia histórica, merecen ser consideradas como las joyas de la colección del MUNCYT, refiriéndonos especialmente a instrumentos de medida en navegación como astrolabios, teodolitos, esferas celestes o la única ballestilla completa que se conserva.

La sección Gabinete recrea, como su nombre indica, los gabinetes de estudios científicos típicos del siglo XIX que se encontraban en institutos de enseñanza e instituciones científicas y en ella se muestra un importante número de instrumentos relacionados con diferentes disciplinas (sonido, calor, electromagnestismo, óptica,…) y que a su vez se relacionan con diferentes módulos interactivos con los que el visitante podrá experimentar directamente. Pero también el futuro ocupa un lugar destacado en el MUNCYT y a lo largo de todo el año, la Biotecnología será la protagonista del espacio dedicado a exposiciones temporales. En esta muestra podemos descubrir, valorar y plantearnos muchos interrogantes acerca de todos los avances e impactos que esta disciplina aporta en ámbitos decisivos como la agricultura, la industria, la medicina o el estudio del origen de la Humanidad.

En cuanto a las experiencias interactivas, hay que destacar los nuevos espacios de tecnología digital como F-LAB, en los que las máquinas “hablan”, “escuchan” y juegan con el visitante.

A la importancia de la colección del MUNCYT hay que añadir el afán por promover entre los más pequeños (y entre los no tan pequeños) las inquietudes científicas, la creatividad y la capacidad de hacerse preguntas acerca del funcionamiento de todo lo que les rodea. Es por ello que se ofrecen multitud de talleres y espacios para que, a través de la observación, la experimentación y el juego, lleguen al por qué de las cosas. Los talleres se podrán disfrutar tanto en familia como en visitas con los centros escolares, así como las proyecciones del Planetario que completan la oferta divulgativa del Museo.

El MUNCYT ha establecido una amplia oferta de actividades que se pueden consultar en la página web.

Irene Herrero
Equipo de divulgadores y atención al público del Museo de Ciencia y Tecnología
MagmaCultura

‘Big Bang Data’, la última propuesta expositiva del CCCB

Tú compartes información, tus datos te comparten a ti.

Hace relativamente poco, cuando se hablaba de la acumulación y estudio de datos personales que llevaban a cabo instituciones públicas y privadas, se reaccionaba minimizando su importancia, ya que no se trataba de un proceso muy evidente ni había una conciencia sobre la utilidad o relevancia de estos datos. Sin embargo, con las últimas innovaciones tecnológicas, que permiten almacenar una mayor cantidad, fácilmente y con un coste mínimo, esta acumulación se ha hecho efectiva y bien visible, por lo que una reflexión sobre el impacto de esta datificación de nuestras vidas privadas, hoy por hoy, resulta indispensable.

A diario generamos una cantidad inmensa de datos a través de nuestros dispositivos móviles, lo que colgamos en Internet, las compras que hacemos, el etcétera aquí es largo. Estos datos representan información sobre nuestros patrones de consumo, de pensamiento, de tendencias de voto y de acción. No sorprende, pues, que el potencial de su análisis y utilización haya puesto a todos en alerta, desde la comunidad científica y académica a las empresas, los estados y los ciudadanos. Nos encontramos ante un cambio de paradigma a todos los niveles, tanto social como político, académico, cultural, tecnológico y económico, un cambio en el que todavía no queda claro qué papel jugarán los datos, si bien la tendencia actual es la de pensar que estarán en el centro, tal vez como nuevo petróleo o como el oro del siglo XXI.

Big Bang Data

La exposición titulada Big Bang Data, que desde el mes de mayo y prorrogada hasta el 16 de noviembre ofrece el CCCB, trata en profundidad de esta explosión de datos que estamos viviendo y de las diferentes vertientes que implica, muchas desconocidas por la gran mayoría de nosotros, aunque formamos parte activa del proceso y nos afectan directamente.

Partiendo de esta idea, la muestra comienza descubriéndonos el lugar donde se acumulan y procesan todos los datos, los data centers, entidades mucho más físicas y materiales de lo que pensamos cuando hablamos de la Nube, ese lugar etéreo y lejano donde se almacenan todos los datos de los usuarios de Internet y que, en realidad, se trata de estructuras pesadas, que en ocasiones ocupan espacios equivalentes a varios campos de fútbol y requieren de un gasto energético y medioambiental importante.

La necesidad de un mantenimiento constante, de renovar los equipos, de mantenerlos a bajas temperaturas con aire acondicionado, todo ello implica un elevado consumo energético (la electricidad empleada en los data centers no baja del 1,3% de la producción mundial, o para entenderlo mejor, es igual al consumo eléctrico de Noruega durante un año). Por otra parte, la contaminación que producen sus generadores de emergencia, preparados para mantener los data centers activos en caso de caída eléctrica y funcionando con combustible diesel, no es un tema menor: sólo entre 2009 y 2011, Amazon recibió 24 multas por violaciones de las normativas medioambientales sobre emisiones contaminantes, probablemente relacionadas con el funcionamiento de estos generadores.

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Se entiende, pues, que el secretismo alrededor de los data centers haya sido una parte importante de su gestión hasta hace poco: hileras de cajas que ni siquiera llevan identificación externa, siendo imposible, desde fuera, saber a quién pertenecen o que alojan sus servidores. Sólo algunas compañías como Google o Apple han comenzado a mostrar el interior de sus instalaciones, comprendiendo, tal vez, que tarde o temprano el mundo querrá saber más, sobre donde se guardan sus vidas digitales, y cómo funcionan estas masas anónimas. En relación con este desconocimiento general del sistema tecnológico actual, algunos de los investigadores entrevistados especialmente para la exposición insisten en decir que hay un gran vacío entre lo que la población comprende de las nuevas tecnologías que usan a diario y lo que realmente estas significan.

No entraremos aquí a analizar toda la muestra, ya que sería imposible y vale la pena hacerlo en persona o bien visitar la web del proyecto, pero sí mencionaremos que se encontrarán vídeos e instalaciones que analizan de múltiples formas diferentes nuestros patrones de compra según las transacciones bancarias de una entidad concreta, nuestro tráfico aéreo, marítimo, el uso que hacemos del espacio, el flujo de personas y vehículos… Los artistas que participan en la exposición, como Christopher Baker, Eric Fischer o David Bowen, han utilizado todos estos datos para crear imágenes de gran fuerza visual, a veces poéticas y reflexivas, que nos permiten vivir una información de entrada fría y analítica como experiencia estética. Es el caso de la instalación que representa en tiempo real las olas del mar de Hawai, o la montaña de fotografías impresas que ocupa una sala entera, equivalente a todas las imágenes compartidas en Flickr durante un día.

Si en algo coinciden todos los estudiosos y especialistas en el tema entrevistados por la muestra es en la incertidumbre de lo que sucederá, a largo plazo, con todos estos datos. Ahora mismo se conservan porque, como decíamos, a nivel tecnológico se puede hacer. Se guardan por sus usos presentes, claro, pero principalmente por sus posibilidades futuras; es decir, el valor de compañías como Facebook o Google en la bolsa no responde a su valor real de hoy, si no a su potencialidad según la cantidad de datos que vayan acumulando, y que pueden resultar fundamentales en el futuro.

En todo caso, los datos no surgen de la nada; simplifican una realidad muy compleja, por lo que nunca podrán ser la única herramienta para tomar decisiones sobre esta realidad. Los expertos advierten en sus declaraciones que ir con precaución, para no acabar abocados a una sociedad tecnocrática, donde lo único que nos quede sea cuantificar y cualificar, dejando al margen la verdadera experiencia, el significado íntimo del mundo, que no es cuadrado y previsible sino en constante cambio y movimiento. Como decía una de las investigadoras entrevistadas, con el análisis de datos se puede saber de quién me he enamorado, pero no de quien me enamoraré.

La reflexión final que uno se lleva al salir de la exposición es que se desconoce si estos datos y su análisis mejorarán la vida de las personas o bien servirán para ejercer un control aún más férreo, para acentuar la vigilancia y la capitalización del individuo. Como siempre, dependerá de si esta información y gestión se encuentra en poder de manos privadas que la utilicen dentro de un modelo neocapitalista tecnológico, que no contemple otro tipo de valores más allá de lo económico, o de unas instituciones públicas y ciudadanas que puedan hacer una implementación para cambiar para bien las condiciones de la sociedad.

Mar Márquez

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