• Linked IN
  • Rss
  • Youtube
‘Big Bang Data’, la última propuesta expositiva del CCCB

Tú compartes información, tus datos te comparten a ti.

Hace relativamente poco, cuando se hablaba de la acumulación y estudio de datos personales que llevaban a cabo instituciones públicas y privadas, se reaccionaba minimizando su importancia, ya que no se trataba de un proceso muy evidente ni había una conciencia sobre la utilidad o relevancia de estos datos. Sin embargo, con las últimas innovaciones tecnológicas, que permiten almacenar una mayor cantidad, fácilmente y con un coste mínimo, esta acumulación se ha hecho efectiva y bien visible, por lo que una reflexión sobre el impacto de esta datificación de nuestras vidas privadas, hoy por hoy, resulta indispensable.

A diario generamos una cantidad inmensa de datos a través de nuestros dispositivos móviles, lo que colgamos en Internet, las compras que hacemos, el etcétera aquí es largo. Estos datos representan información sobre nuestros patrones de consumo, de pensamiento, de tendencias de voto y de acción. No sorprende, pues, que el potencial de su análisis y utilización haya puesto a todos en alerta, desde la comunidad científica y académica a las empresas, los estados y los ciudadanos. Nos encontramos ante un cambio de paradigma a todos los niveles, tanto social como político, académico, cultural, tecnológico y económico, un cambio en el que todavía no queda claro qué papel jugarán los datos, si bien la tendencia actual es la de pensar que estarán en el centro, tal vez como nuevo petróleo o como el oro del siglo XXI.

Big Bang Data

La exposición titulada Big Bang Data, que desde el mes de mayo y prorrogada hasta el 16 de noviembre ofrece el CCCB, trata en profundidad de esta explosión de datos que estamos viviendo y de las diferentes vertientes que implica, muchas desconocidas por la gran mayoría de nosotros, aunque formamos parte activa del proceso y nos afectan directamente.

Partiendo de esta idea, la muestra comienza descubriéndonos el lugar donde se acumulan y procesan todos los datos, los data centers, entidades mucho más físicas y materiales de lo que pensamos cuando hablamos de la Nube, ese lugar etéreo y lejano donde se almacenan todos los datos de los usuarios de Internet y que, en realidad, se trata de estructuras pesadas, que en ocasiones ocupan espacios equivalentes a varios campos de fútbol y requieren de un gasto energético y medioambiental importante.

La necesidad de un mantenimiento constante, de renovar los equipos, de mantenerlos a bajas temperaturas con aire acondicionado, todo ello implica un elevado consumo energético (la electricidad empleada en los data centers no baja del 1,3% de la producción mundial, o para entenderlo mejor, es igual al consumo eléctrico de Noruega durante un año). Por otra parte, la contaminación que producen sus generadores de emergencia, preparados para mantener los data centers activos en caso de caída eléctrica y funcionando con combustible diesel, no es un tema menor: sólo entre 2009 y 2011, Amazon recibió 24 multas por violaciones de las normativas medioambientales sobre emisiones contaminantes, probablemente relacionadas con el funcionamiento de estos generadores.

Big Bang Data2

Se entiende, pues, que el secretismo alrededor de los data centers haya sido una parte importante de su gestión hasta hace poco: hileras de cajas que ni siquiera llevan identificación externa, siendo imposible, desde fuera, saber a quién pertenecen o que alojan sus servidores. Sólo algunas compañías como Google o Apple han comenzado a mostrar el interior de sus instalaciones, comprendiendo, tal vez, que tarde o temprano el mundo querrá saber más, sobre donde se guardan sus vidas digitales, y cómo funcionan estas masas anónimas. En relación con este desconocimiento general del sistema tecnológico actual, algunos de los investigadores entrevistados especialmente para la exposición insisten en decir que hay un gran vacío entre lo que la población comprende de las nuevas tecnologías que usan a diario y lo que realmente estas significan.

No entraremos aquí a analizar toda la muestra, ya que sería imposible y vale la pena hacerlo en persona o bien visitar la web del proyecto, pero sí mencionaremos que se encontrarán vídeos e instalaciones que analizan de múltiples formas diferentes nuestros patrones de compra según las transacciones bancarias de una entidad concreta, nuestro tráfico aéreo, marítimo, el uso que hacemos del espacio, el flujo de personas y vehículos… Los artistas que participan en la exposición, como Christopher Baker, Eric Fischer o David Bowen, han utilizado todos estos datos para crear imágenes de gran fuerza visual, a veces poéticas y reflexivas, que nos permiten vivir una información de entrada fría y analítica como experiencia estética. Es el caso de la instalación que representa en tiempo real las olas del mar de Hawai, o la montaña de fotografías impresas que ocupa una sala entera, equivalente a todas las imágenes compartidas en Flickr durante un día.

Si en algo coinciden todos los estudiosos y especialistas en el tema entrevistados por la muestra es en la incertidumbre de lo que sucederá, a largo plazo, con todos estos datos. Ahora mismo se conservan porque, como decíamos, a nivel tecnológico se puede hacer. Se guardan por sus usos presentes, claro, pero principalmente por sus posibilidades futuras; es decir, el valor de compañías como Facebook o Google en la bolsa no responde a su valor real de hoy, si no a su potencialidad según la cantidad de datos que vayan acumulando, y que pueden resultar fundamentales en el futuro.

En todo caso, los datos no surgen de la nada; simplifican una realidad muy compleja, por lo que nunca podrán ser la única herramienta para tomar decisiones sobre esta realidad. Los expertos advierten en sus declaraciones que ir con precaución, para no acabar abocados a una sociedad tecnocrática, donde lo único que nos quede sea cuantificar y cualificar, dejando al margen la verdadera experiencia, el significado íntimo del mundo, que no es cuadrado y previsible sino en constante cambio y movimiento. Como decía una de las investigadoras entrevistadas, con el análisis de datos se puede saber de quién me he enamorado, pero no de quien me enamoraré.

La reflexión final que uno se lleva al salir de la exposición es que se desconoce si estos datos y su análisis mejorarán la vida de las personas o bien servirán para ejercer un control aún más férreo, para acentuar la vigilancia y la capitalización del individuo. Como siempre, dependerá de si esta información y gestión se encuentra en poder de manos privadas que la utilicen dentro de un modelo neocapitalista tecnológico, que no contemple otro tipo de valores más allá de lo económico, o de unas instituciones públicas y ciudadanas que puedan hacer una implementación para cambiar para bien las condiciones de la sociedad.

Mar Márquez