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‘Big Bang Data’, la última propuesta expositiva del CCCB

Tú compartes información, tus datos te comparten a ti.

Hace relativamente poco, cuando se hablaba de la acumulación y estudio de datos personales que llevaban a cabo instituciones públicas y privadas, se reaccionaba minimizando su importancia, ya que no se trataba de un proceso muy evidente ni había una conciencia sobre la utilidad o relevancia de estos datos. Sin embargo, con las últimas innovaciones tecnológicas, que permiten almacenar una mayor cantidad, fácilmente y con un coste mínimo, esta acumulación se ha hecho efectiva y bien visible, por lo que una reflexión sobre el impacto de esta datificación de nuestras vidas privadas, hoy por hoy, resulta indispensable.

A diario generamos una cantidad inmensa de datos a través de nuestros dispositivos móviles, lo que colgamos en Internet, las compras que hacemos, el etcétera aquí es largo. Estos datos representan información sobre nuestros patrones de consumo, de pensamiento, de tendencias de voto y de acción. No sorprende, pues, que el potencial de su análisis y utilización haya puesto a todos en alerta, desde la comunidad científica y académica a las empresas, los estados y los ciudadanos. Nos encontramos ante un cambio de paradigma a todos los niveles, tanto social como político, académico, cultural, tecnológico y económico, un cambio en el que todavía no queda claro qué papel jugarán los datos, si bien la tendencia actual es la de pensar que estarán en el centro, tal vez como nuevo petróleo o como el oro del siglo XXI.

Big Bang Data

La exposición titulada Big Bang Data, que desde el mes de mayo y prorrogada hasta el 16 de noviembre ofrece el CCCB, trata en profundidad de esta explosión de datos que estamos viviendo y de las diferentes vertientes que implica, muchas desconocidas por la gran mayoría de nosotros, aunque formamos parte activa del proceso y nos afectan directamente.

Partiendo de esta idea, la muestra comienza descubriéndonos el lugar donde se acumulan y procesan todos los datos, los data centers, entidades mucho más físicas y materiales de lo que pensamos cuando hablamos de la Nube, ese lugar etéreo y lejano donde se almacenan todos los datos de los usuarios de Internet y que, en realidad, se trata de estructuras pesadas, que en ocasiones ocupan espacios equivalentes a varios campos de fútbol y requieren de un gasto energético y medioambiental importante.

La necesidad de un mantenimiento constante, de renovar los equipos, de mantenerlos a bajas temperaturas con aire acondicionado, todo ello implica un elevado consumo energético (la electricidad empleada en los data centers no baja del 1,3% de la producción mundial, o para entenderlo mejor, es igual al consumo eléctrico de Noruega durante un año). Por otra parte, la contaminación que producen sus generadores de emergencia, preparados para mantener los data centers activos en caso de caída eléctrica y funcionando con combustible diesel, no es un tema menor: sólo entre 2009 y 2011, Amazon recibió 24 multas por violaciones de las normativas medioambientales sobre emisiones contaminantes, probablemente relacionadas con el funcionamiento de estos generadores.

Big Bang Data2

Se entiende, pues, que el secretismo alrededor de los data centers haya sido una parte importante de su gestión hasta hace poco: hileras de cajas que ni siquiera llevan identificación externa, siendo imposible, desde fuera, saber a quién pertenecen o que alojan sus servidores. Sólo algunas compañías como Google o Apple han comenzado a mostrar el interior de sus instalaciones, comprendiendo, tal vez, que tarde o temprano el mundo querrá saber más, sobre donde se guardan sus vidas digitales, y cómo funcionan estas masas anónimas. En relación con este desconocimiento general del sistema tecnológico actual, algunos de los investigadores entrevistados especialmente para la exposición insisten en decir que hay un gran vacío entre lo que la población comprende de las nuevas tecnologías que usan a diario y lo que realmente estas significan.

No entraremos aquí a analizar toda la muestra, ya que sería imposible y vale la pena hacerlo en persona o bien visitar la web del proyecto, pero sí mencionaremos que se encontrarán vídeos e instalaciones que analizan de múltiples formas diferentes nuestros patrones de compra según las transacciones bancarias de una entidad concreta, nuestro tráfico aéreo, marítimo, el uso que hacemos del espacio, el flujo de personas y vehículos… Los artistas que participan en la exposición, como Christopher Baker, Eric Fischer o David Bowen, han utilizado todos estos datos para crear imágenes de gran fuerza visual, a veces poéticas y reflexivas, que nos permiten vivir una información de entrada fría y analítica como experiencia estética. Es el caso de la instalación que representa en tiempo real las olas del mar de Hawai, o la montaña de fotografías impresas que ocupa una sala entera, equivalente a todas las imágenes compartidas en Flickr durante un día.

Si en algo coinciden todos los estudiosos y especialistas en el tema entrevistados por la muestra es en la incertidumbre de lo que sucederá, a largo plazo, con todos estos datos. Ahora mismo se conservan porque, como decíamos, a nivel tecnológico se puede hacer. Se guardan por sus usos presentes, claro, pero principalmente por sus posibilidades futuras; es decir, el valor de compañías como Facebook o Google en la bolsa no responde a su valor real de hoy, si no a su potencialidad según la cantidad de datos que vayan acumulando, y que pueden resultar fundamentales en el futuro.

En todo caso, los datos no surgen de la nada; simplifican una realidad muy compleja, por lo que nunca podrán ser la única herramienta para tomar decisiones sobre esta realidad. Los expertos advierten en sus declaraciones que ir con precaución, para no acabar abocados a una sociedad tecnocrática, donde lo único que nos quede sea cuantificar y cualificar, dejando al margen la verdadera experiencia, el significado íntimo del mundo, que no es cuadrado y previsible sino en constante cambio y movimiento. Como decía una de las investigadoras entrevistadas, con el análisis de datos se puede saber de quién me he enamorado, pero no de quien me enamoraré.

La reflexión final que uno se lleva al salir de la exposición es que se desconoce si estos datos y su análisis mejorarán la vida de las personas o bien servirán para ejercer un control aún más férreo, para acentuar la vigilancia y la capitalización del individuo. Como siempre, dependerá de si esta información y gestión se encuentra en poder de manos privadas que la utilicen dentro de un modelo neocapitalista tecnológico, que no contemple otro tipo de valores más allá de lo económico, o de unas instituciones públicas y ciudadanas que puedan hacer una implementación para cambiar para bien las condiciones de la sociedad.

Mar Márquez

Noche de los Museos 2014

El próximo 17 de mayo se celebrará una nueva edición de la Noche de los Museos, un acontecimiento cultural organizado de forma conjunta entre varios museos e instituciones culturales de toda Europa. La finalidad de esta iniciativa es fidelizar y atraer nuevos públicos mediante la entrada libre a museos y diferentes centros culturales a partir de las 19 horas y hasta la 1 de la madrugada, ofreciendo en la mayoría de casos, una programación con actividades especiales para esa noche.

Esta iniciativa, nació en Berlín el 1997 (Lange Nacht der Museen) y, desde entonces, no ha parado de crecer tanto en el número de museos como en el de instituciones participantes, llegando además de 120 ciudades de Europa y del resto del mundo.

Si nos encontramos en Madrid, donde la oferta acostumbra a ser muy amplía, podemos visitar la exposición del artista Tracey Rose al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, que finaliza el 26 de mayo, o aprovechar para perdernos entre las más de 8.000 pinturas que tiene el Museo de Prado.

La oferta lúdica y cultural de la ciudad de Barcelona programada para la Noche de los Museos 2014 ya se puede consultar en la web www.lanitdelsmuseus.cat. Como novedad respecto a la edición anterior encontramos el Castillo de Montjuic, actualmente gestionado por MagmaCultura, donde se podrán visitar, por ejemplo, las exposiciones temporales “Montjuic, la construcción de un castillo” o “Barcelona en posguerra (1939-1945)” en exhibición hasta el 30 de junio.

macba3

En la edición de 2013 se reunió a más de 130.000 personas entre los 62 espacios de la ciudad de Barcelona y sus alrededores, cifra que se prevé incrementar con los 72 centros que participaran en la edición de este año, junto con las actividades culturales que se han programado para este día.

Si salimos fuera del país también encontraremos una gran cantidad de acontecimientos programados para esta velada cultural.

En París, podemos aprovechar para visitar la Maison de Victor Hugo (Casa de Victor Hugo) o el Musée Carnavalet – histoire de Paris (Museo Carnavalet – historia de París) instalado en dos palacetes en el centro del barrio de Marais (www.carnavalet.paris.fr).

En Berlín, ciudad donde se realizó la primera “Noche de los Museos”, os proponemos visitar el Anne Frank Zentrum o el Pergamonmuseum. (+info)

En el Reino Unido, donde la noche de los museos es del 15 al 17 de mayo, se puede escoger entre más de 580 actividades de todo el territorio, como por ejemplo visitar la exposición ‘Matisse. Cut-outs’ a la Tate Modern o ver la sección del Antiguo Egipto o de la Antigua Grecia en el British Museum de Londres (+info)

Las redes sociales se han ido incorporando a la dinámica de la Noche de los Museos y en Barcelona, por poner un ejemplo, se propone continuar tal y como se hizo el año pasado con la utilización del hashtag #bcnesmuseu para que los usuarios compartan sus experiencias a través de las diferentes redes sociales (Twitter, Foursquare, Instagram, Facebook, Line…).

En definitiva, la Noche de los Museos se erige como un punto de encuentro entre el mundo de la cultura y la ciudadanía, en el que se da a conocer y se hace partícipe al público del patrimonio que reside en los museos. Para todas las personas que se nos dedicamos profesionalmente al sector cultural, esta iniciativa supone una oportunidad más para poner de manifiesto el trabajo realizado durante todo el año.

Jordi Villar y Núria Sas

MagmaCultura

Gestión Cultural, nuevos retos, un recorrido cultural sin retorno

Cualquier organización cultural ha de aspirar a la excelencia y a la calidad en su proceso constructivo profesional y organizativo. Afirmar o hacer referencia a estos conceptos desde la vertiente de la gestión cultural no sólo es extraño, sino que raramente se hace, ya que muchas veces, desde una determinada actitud vital, se asume que la gestión de la cultura parte de unas deficiencias crónicas propias del sector derivadas de la falta de recursos, que condicionan la profesión e imposibilitan el crecimiento natural a diferencia de lo que pasa en otros sectores productivos.

Existe un triunvirato en el sector cultural. El primero, la gestión de la propia cultura institucional, por parte de la administración y las fundaciones privadas; el segundo, representado por la llamada industria cultural, con mucha importancia y fuerza del sector audiovisual y editorial (sin olvidar los sectores teatral y musical) y que suelen eclipsar con sus necesidades y urgencias apoteósicas otras realidades empresariales dentro de la cultura; y el tercero, y último, las iniciativas derivadas de la gestión de los recursos culturales y la creación de proyectos culturales. En la mayoría de los casos, esta última expresión que llamaré “de la gestión cultural” es subsidiaria de la cultura institucional. También existe una incipiente presencia tecnológica cultural que aún no ha definido su integración natural dentro del sector, o que quizás derivará hacia un sector con personalidad propia. Eso depende de todos nosotros, de la importancia que le damos y del interés que tenemos en integrarlo en todos los medios y posibilidades, confiando que ésta nueva oportunidad de actualización y modernización que se nos da de estar presentes con fuerza y con futuro no derive en un nuevo enfrentamiento entre lo nuevo y lo viejo (enfrentamiento nocivo y constante que perjudica los mismos objetivos de la cultura), habitual en algunos ámbitos culturales.

Si nos referimos a la cultura institucional, estamos hablando de garantizar el acceso público y universal a la cultura como un objetivo preeminente de cualquier política cultural. Y por eso es necesario hablar de nuevos modelos de gestión competitivos y profesionales que generen unos resultados cualitativos y cuantitativos. Los proyectos artísticos y culturales institucionales no pueden quedar como un adorno estético de unas políticas locales o nacionales, han de incidir e imbricarse en el devenir social y económico del país. Desde la cultura y con la cultura ha sido como históricamente las sociedades han crecido en valores y calidad de vida. Sin una cultura potente estamos abocados a un debilitamiento como sociedad y más en una época de profundos cambios sociales, económicos y culturales.

Las fundaciones, en esta representación de obligaciones y funciones han de cumplir sus objetivos fundacionales que regula la Ley de Fundaciones. Fundaciones que en algunos casos se presentan como simples organismos de gestión de las ventajas fiscales, como un juego de la creatividad financiera y poca cosa más. Es necesario profundizar en la Ley de Fundaciones y de mecenazgo para facilitar el trabajo y el reconocimiento de todas aquellas instituciones fundacionales que gestionan una parte significativa de la cultura de nuestro país desde la corriente privada. Pero también sería necesario requerir a las fundaciones una adaptación a los nuevos modelos de gestión, basados en la eficacia, el interés general y el soporte a la cultura en todas sus expresiones, ya sean públicas o privadas. Las instituciones privadas han de ser hábiles en detectar las oportunidades y no se han de convertir en programadores subsidiarios de la administración, ni en unos competidores de las mismas administraciones. La cultura no tan sólo se expresa con los formatos tradicionales, de libro, espectáculo o exposición; también puede acontecer un hecho determinado en políticas sociales, en el mundo del turismo, de la educación, sin olvidar la necesidad de incidir con fuerza y creatividad en las nuevas realidades tecnológicas. Una carrera en la que se han de superar los contenidos básicos y banales con propuestas culturales atractivas y de interés “tecnológico” para todos los públicos.

Las industrias culturales tradicionales antes mencionadas, parten de una crisis que las está haciendo cambiar o evolucionar. Algunas lo interpretan como un reto u oportunidad y otros como el final del negocio. Es evidente que hay un cambio estructural substancial de un sector fundamentado en la producción, distribución y comercialización en unos canales específicos. Con la digitalización, este sector se ha de plantear un cambio de modelo de negocio y en algunos casos de producto. Si es cierto que existe en nuestro país incertidumbre, es la misma que existe en la industria audiovisual o editorial a Inglaterra y Francia, por poner dos ejemplos. Pero también es cierto que con la digitalización se abre un mundo de oportunidades que acabarán conquistando aquellas iniciativas y culturas que parten del hecho como una oportunidad y no como una tragedia incontrolable de dimensiones inalcanzables. Partiendo como partimos en nuestro país de un conocimiento y experiencia en el sector audiovisual y editorial contrastado durante décadas, ¿cómo se pueden conquistar ahora en estos momentos tan trascendentales para el futuro? Sin duda para nuestra cultura es una gran oportunidad y quien no lo vea así no tiene nada que hacer. No olvidemos, por otro lado, que dentro de la industria cultural, y como contraposición a la digitalización, o al hecho virtual, se da un resurgimiento de la cultura presencial, como son los espectadores teatrales, musicales… que hace pocos años vivían en un proceso de retroceso de públicos alarmante.

Y llegamos al subsector del sector, que se denomina de la gestión cultural, en el que MagmaCultura estamos integrados y asumidos, donde la mayoría de iniciativas son dependientes de las instituciones, y que difícilmente se las llega a tener en cuenta en políticas industriales, económicas y culturales (ni dentro de la cultural, ni fuera). Y que a pesar de tener una amplia representación atomizada, con iniciativas que buscan en muchos casos la auto ocupación, cada vez tienen más incidencia y más peso específico en la cultura en todos sus ámbitos. Son proyectos que nacen y comienzan a funcionar desde una absoluta libertad y un interés radical por la cultura. Con grandes dosis de ingenuidad, sin formación específica en la gestión y organización empresarial, ni con organizaciones donde referenciarse en su día a día. Sin responsabilidades de gestionar ninguna institución o recurso cultural, de no tener ningún fondo bibliográfico para comercializar. Son iniciativas que una vez superados los estorbos de indefiniciones del propio sector, hacen un gran número de aportaciones de I+D a la cultura, son la innovación, y en muchos casos llegan a altos grados de especialización, generando nuevos productos, nuevas oportunidades de negocio para el sector, que hemos denominado de industria cultural. Y a la vez son una referencia ineludible para las instituciones culturales, a la hora de crear, dinamizar, comunicar, gestionar los mismos recursos y productos culturales. Existen numerosas iniciativas alrededor del territorio español, y en algunas del todo profesionalizadas, con un alto grado de excelencia y calidad, equiparables a empresas de otros sectores emergentes. A modo de ejemplo, nos encontramos al Grupo Xabide y Trànsit Projectes en la gestión de recursos sociales y culturales, A Portada en la comunicación cultural, Indissoluble y La Fábrica en la producción de exposiciones, ARTImetria, en consultoría cultural, etc. Empresas que no sólo son el resultado conjuntural de un momento determinado, son el resultado del trabajo de un sector económico emergente representado en las sociedades avanzadas que piensan y creen en la cultura como motor de cambio y de transformación social. Por eso desde todos los ámbitos de nuestra sociedad se ha de facilitar la integración y la normalidad de la gestión cultural y las organizaciones que la representan y que no sólo aportan presencia nueva en el panorama tradicional de la cultura, sino que también son el embrión técnico necesario para un cambio metodológico, conceptual y estratégico de la cultura y de la sociedad. Y sobre todo, sin complejos ni manías derivadas de una predeterminada manera de entender la cultura.

Artur Duart
MagmaCultura

Créditos imagen: feuilllu

Futuroscope … ¿futuro de que?

La incorporación del mundo digital a la gestión de proyectos está experimentando un cambio radical en su diseño y configuración espacial. Las herramientas digitales y las redes sociales asociadas han adquirido un papel central en su configuración. No puede ser de otra manera, las generaciones digitales (aquéllas que han nacido con un ratón bajo la mano) ya empezamos a coger peso dentro de una sociedad cada vez más cambiada. Y todo pasa por la superación de las barreras que los analógicos hemos puesto para sentirnos “modernos”.

Hoy en día ya no se puede hablar de un proyecto cultural sin entenderlo desde una perspectiva que integre de una forma global todas las oportunidades que nos ofrece el mundo digital. Y en este mundo cambiante donde todavía hoy la generación analógica ostenta buena parte del poder de gestión y condena a los jóvenes al desempleoe, la apuesta por el mundo digital sólo adquiere protagonismo de forma subsidiaria.

Primero se diseña un proyecto, después nos centramos en la web y finalmente abrimos un perfil en Facebook. Y con eso ya nos vamos contentos pensando que hemos incorporado a nuestro proyecto analógico una perspectiva digital. Y señores/as las cosas ya no funcionan así, y sino fijémonos en los mundos virtuales que ofrecen los juegos en línea que se han convertido en espacios políticos donde, por primera vez, se han puesto en marcha revoluciones globales para cambiar las normas establecidas por el propio juego (y por su propietario).

Ya no hablamos de herramientas complementarias sino de espacios centrales de relación. ¿Por qué no nos podemos imaginar el espacio virtual de una exposición que sea un espacio relacional central de la propia exposición? Por qué un Reina Sofía necesita ser visitado para ser un centro de referencia del arte contemporáneo? ¿Si las cosas importantes están pasando en la red, por qué se continúa focalizando las políticas de difusión en los continentes y los contenidos de una colección? No sería una apuesta de futuro diseñar los proyectos museográficos centrándonos primero en el mundo digital?

Dejadme poner un ejemplo. Si entráis en la página web de Futuroscope (centro de ocio y paradigma del futuro de Europa) os encontraréis todos los tics de una visión analógica que quiere ser digital. Podréis comprobar que todo aquello que hace “moderna” una página web está presente: enlace en Facebook, Twitter, un blog, una revista digital, un catálogo interactivo, incluso hacen concursos de creación literaria en catalán (con presentación en castellano). Ahora bien, todas las plataformas siguen el mismo objetivo de “vender entradas” porque nacen como complementos del gran proyecto analógico (el parque de atracciones). Y como este ejemplo centenares de proyectos que, desde una perspectiva analógica incorporan con mayor o menor gracia el mundo digital.

Quizás si cambiamos en la forma de orientar los proyectos y los centramos en el entorno del mundo digital conseguiremos entrar en el siglo XXI.

Arnau Vilardell
MagmaCultura

La (es)cultura a través del tiempo

A ver si entre todos podéis averiguar el máximo número de culturas posibles que aparecen reflejadas en este video!

Podéis ir dejando vuestras respuestas como comentarios, animaos!