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La protección de los derechos de autor en la era digital, una modesta reflexión

Pasados unos cuantos días de la polémica votación de la conocida “Ley Sinde”, que en el fondo era una ley dentro de otra ley de mayor rango (más info), y de ver como lo que en principio había sido un golpe a la industria encargada de gestionar los derechos de autor, por lo visto puede ser que finalmente se pueda sacar adelante.

La medida impulsada por el gobierno estatal, propone el cierre de las páginas web donde hubiera contenidos de los cuales no se privara en posesión de los derechos de reproducción. La acción ha mostrado una mezcla de tonalidades grises que han confluido en este proceso: la buena voluntad para preservar los derechos de autor que se ha encontrado de caras con una industria con que todavía no se ha sabido actualizar en el nuevo escenario que plantea la aparición de internet (aunque SÓLO haga unos 15 años de su popularización).

La situación ha llegado a un punto donde incluso, el Sr. Álex de la Iglesia ha tenido que actuar como interlocutor entre los diferentes agentes implicados (junto con David Bravo (más info), con el fin de conseguir el consenso que hasta ahora no se ha conseguido. En esta situación se plantean muchos problemas colaterales como pueden ser: un SGAE que ha demostrado sistemáticamente su falta de ética a la hora de gestionar los derechos de autor, el hecho de que hayan salido alternativas a esta empresa de gestión de derechos de autor que ya tienen reconocimiento (Creative Commons…), el hecho de que el estruendo se ha producido sobre todo a se la industria musical, que es donde las prácticas profesionales están menos arraigadas y donde encara nos estemos moviendo en un mundo muy amateur …

Pero en el fondo todo acaba, o según mi opinión, en un cambio en el proceso de consumo cultural donde hay algunas industrias que no se han sabido adaptar y que acaban dando toda la razón a las teorías de Darwin.

Me explico poniendo dos ejemplos: el año 2007 el grupo Radiohead rompe relaciones con su discográfica y deciden ceder gratuitamente (o pagando la voluntad) su inminente disco nombrado In Rainbows, con la voluntad de conseguir rentabilizarlo mediante los conciertos de presentación y el abanico de merchandising, el resultado? 1.200.000 descargas en una semana y superar los ingresos de sus tres álbumes anteriores.

El otro caso, es el del cierre hace pocas semanas de la discográfica VALE MUSIC, discográfica que se había especializado en el producto “OPERACIÓN TRIUNFO” y en discos recopilatorios de música de baile, que se ha producido en un momento donde las ventas de discos de vinilo alcanzan cifras hasta ahora desconocidas.

Cuál es la lectura que se puede hacer de estos dos hechos, según mi opinión también, por una parte el hecho de que tengas un producto de calidad (en el caso de Radiohead y de los recopilatorios de música de baile es indiscutible, aunque no entramos en ningún caso en si un tipo de música gusta más que la otra) y en segundo caso en que el público que consume este tipo de producto, cuando éste es de calidad y tiene un cierto bagaje cultural no le importa hacer un gasto, ya que en el fondo valoran el esfuerzo que hay detrás. En el segundo caso, la gente que se compraba los discos de OT en una gran superficie comercial y los ponía en la misma bolsa donde había los productos congelados, evidentemente, el día que pueden conseguir el mismo producto, aunque sea de una calidad inferior con una copia grabada y con una fotocopia por portada, difícilmente seguirán comprando el cd en la gran superficie comercial.

 

Por lo tanto, y a modo de conclusión, aunque hay muy buena voluntad en una ley que busca proteger los derechos del autor, quizás también sería necesario crear todo una serie de “mecanismos” (la verdad es que no sé exactamente como llamarlo) para que pueda identificar y querer practicar diferentes tipos de arte o de prácticas culturales, ya que la experiencia nos ha mostrado (en casi todos los casos) que la calidad de una propuesta y su éxito siempre van de la mano. Pero bien, en el fondo también puedo estar equivocado.

Jordi Villar
MagmaCultura