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El día de los museos con reflexiones

Cualquier ciudad que se adjetiva moderna requiere una caja donde preservar y salvaguardar sus tesoros. Tesoros que durante siglos han estado expuestos en palacios de nobles y burgueses como símbolos de distinción, riqueza y buen gusto. Ahora, las ciudades quieren compartir este buen gusto y saber hacer…
El 18 de mayo, Día Internacional de los Museos, celebramos la fiesta institucional de los museos. Una vez al año abrimos las puertas de los museos de par en par igual que hace la iglesia del pueblo el día de fiesta mayor. Tenemos la festividad pero nos falta el santo y sus milagros. Los museos han ganado representación y protagonismo durante los últimos años. Obviamente son una infraestructura más de la sociedad, un espacio de referencia para nuestra sociedad y un recurso importantísimo para la economía turística. Los museos son la joya que otorga prestigio a cualquier ciudad que aspire a ser reconocida como tal. Una joya a la que en tiempos de crisis se le encoge la cadena de oro que se sustenta en el elegante y esbelto cuello de las administraciones. Todos presumen de tener este elemento decorativo cerca de casa, pero pocos lo frecuentan, a veces porque la oferta es discreta, elitista, aburrida… (cada uno con su argumento) o por el mero hecho de que el imaginario colectivo los ha convertido en espacios que no resultan interesantes para el público. Cuando hablo de públicos, me refiero a públicos, de públicos que justifican cualquier iniciativa en todos los sentidos, cuantitativos y cualitativos, y que tradicionalmente se han despreciado, especialmente aquellos museos que han sido considerados espacios dedicados a más altos y nobles retos que los de la educación o los de lograr nuevas audiencias con el objetivo de incidir “culturalmente” cada vez más en un espectro más amplio de la sociedad.

el dia de los museos

En el territorio español tenemos casos de museos, centros de interpretación, centros culturales, que una vez construidos e inaugurados han quedado abandonados como un barco a la deriva, con presupuestos escasos o inexistentes para la gestión diaria, después de una inversión millonaria. Incluso se han cerrado museos recién inaugurados. Tenemos museos cuyos directores no han querido integrar la gestión cultural, como metodología imprescindible de dinamización y de creación de nuevos públicos, o que no tienen claro el principio básico de cualquier organización, que es que sólo con gestión y dinero se pueden hacer las cosas. En relación al dinero, siempre ha habido consenso en el sector. También tenemos pendiente la asignatura de las nuevas tecnologías, incorporarlas e integrarlas como suministradores de contenidos de calidad y convertir así los museos en pioneros en la creación de proyectos adaptados a las nuevas necesidades y a los nuevos públicos. Dicho de otra manera, tan común en cualquier otro sector productivo, apostar por la I+D. Hace falta integrar en la gestión pública la participación de los profesionales del sector privado, creando sinergias, sumando esfuerzos, pero garantizando siempre la propiedad pública, y la tutela del público y el trabajo para el público. Sin reparo, sin complejos, sin modelos prefijados, antiguos, pasados y conservadores.


Y las reflexiones que me planteo en forma de preguntas en este Día Internacional de los Museos son: ¿Queremos que los museos sean algo más que esta joya que decora con mayor o menor intensidad las ciudades? ¿Queremos que los museos sean potentes y sensibles, resucitados en carne y piel, la carne que muscula la ciudad, y la piel, porosidad, textura y transpiración? ¿Queremos ser un producto anclado, encajado, recuerdo del pasado, o queremos ser el latido del corazón de la ciudad? ¿El músculo que genera las pulsaciones, los ritmos vitales de la cultura? ¿La piel sensible que facilite la creación, la dinamización? Un equipamiento ineludible para la ciudadanía y no solo un proyecto urbanístico? ¿Responsable de preservar contenidos, pero también responsable de su difusión con los formatos y estrategias que sean necesarios? Queremos unos museos programadores de televisión, un museo propulsor de aplicaciones informáticas, dinamizadores de redes sociales, donde la participación y la colaboración intersectorial sea el eje vertebrador de su Plan museológico. Unos museos con recursos pero también con objetivos tangibles, programables e innovadores.

El conseller Ferran Mascarell en una conferencia hizo una definición de la ciudad que me gustó “la ciudad es la máxima expresión de la cultura”, y quisiera añadir que los museos y centros culturales tienen la responsabilidad de interpretar y poner en valor la ciudad y la cultura, ponerlas en relación una con la otra, y hacer accesible el conocimiento acumulado y la creatividad generada.
Y para terminar, pedir que los museos no sean motivo de celebración sólo un día al año, no sean como esa joya tan preciada pero tan distante que, una vez finalizada la fiesta, se guarda, deslucida, en el cajón del olvido, que es bien sabido que tiene valor, pero a ver quién se atreve a lucirla.

Artur Duart
MagmaCultura

Gestión Cultural, nuevos retos, un recorrido cultural sin retorno

Cualquier organización cultural ha de aspirar a la excelencia y a la calidad en su proceso constructivo profesional y organizativo. Afirmar o hacer referencia a estos conceptos desde la vertiente de la gestión cultural no sólo es extraño, sino que raramente se hace, ya que muchas veces, desde una determinada actitud vital, se asume que la gestión de la cultura parte de unas deficiencias crónicas propias del sector derivadas de la falta de recursos, que condicionan la profesión e imposibilitan el crecimiento natural a diferencia de lo que pasa en otros sectores productivos.

Existe un triunvirato en el sector cultural. El primero, la gestión de la propia cultura institucional, por parte de la administración y las fundaciones privadas; el segundo, representado por la llamada industria cultural, con mucha importancia y fuerza del sector audiovisual y editorial (sin olvidar los sectores teatral y musical) y que suelen eclipsar con sus necesidades y urgencias apoteósicas otras realidades empresariales dentro de la cultura; y el tercero, y último, las iniciativas derivadas de la gestión de los recursos culturales y la creación de proyectos culturales. En la mayoría de los casos, esta última expresión que llamaré “de la gestión cultural” es subsidiaria de la cultura institucional. También existe una incipiente presencia tecnológica cultural que aún no ha definido su integración natural dentro del sector, o que quizás derivará hacia un sector con personalidad propia. Eso depende de todos nosotros, de la importancia que le damos y del interés que tenemos en integrarlo en todos los medios y posibilidades, confiando que ésta nueva oportunidad de actualización y modernización que se nos da de estar presentes con fuerza y con futuro no derive en un nuevo enfrentamiento entre lo nuevo y lo viejo (enfrentamiento nocivo y constante que perjudica los mismos objetivos de la cultura), habitual en algunos ámbitos culturales.

Si nos referimos a la cultura institucional, estamos hablando de garantizar el acceso público y universal a la cultura como un objetivo preeminente de cualquier política cultural. Y por eso es necesario hablar de nuevos modelos de gestión competitivos y profesionales que generen unos resultados cualitativos y cuantitativos. Los proyectos artísticos y culturales institucionales no pueden quedar como un adorno estético de unas políticas locales o nacionales, han de incidir e imbricarse en el devenir social y económico del país. Desde la cultura y con la cultura ha sido como históricamente las sociedades han crecido en valores y calidad de vida. Sin una cultura potente estamos abocados a un debilitamiento como sociedad y más en una época de profundos cambios sociales, económicos y culturales.

Las fundaciones, en esta representación de obligaciones y funciones han de cumplir sus objetivos fundacionales que regula la Ley de Fundaciones. Fundaciones que en algunos casos se presentan como simples organismos de gestión de las ventajas fiscales, como un juego de la creatividad financiera y poca cosa más. Es necesario profundizar en la Ley de Fundaciones y de mecenazgo para facilitar el trabajo y el reconocimiento de todas aquellas instituciones fundacionales que gestionan una parte significativa de la cultura de nuestro país desde la corriente privada. Pero también sería necesario requerir a las fundaciones una adaptación a los nuevos modelos de gestión, basados en la eficacia, el interés general y el soporte a la cultura en todas sus expresiones, ya sean públicas o privadas. Las instituciones privadas han de ser hábiles en detectar las oportunidades y no se han de convertir en programadores subsidiarios de la administración, ni en unos competidores de las mismas administraciones. La cultura no tan sólo se expresa con los formatos tradicionales, de libro, espectáculo o exposición; también puede acontecer un hecho determinado en políticas sociales, en el mundo del turismo, de la educación, sin olvidar la necesidad de incidir con fuerza y creatividad en las nuevas realidades tecnológicas. Una carrera en la que se han de superar los contenidos básicos y banales con propuestas culturales atractivas y de interés “tecnológico” para todos los públicos.

Las industrias culturales tradicionales antes mencionadas, parten de una crisis que las está haciendo cambiar o evolucionar. Algunas lo interpretan como un reto u oportunidad y otros como el final del negocio. Es evidente que hay un cambio estructural substancial de un sector fundamentado en la producción, distribución y comercialización en unos canales específicos. Con la digitalización, este sector se ha de plantear un cambio de modelo de negocio y en algunos casos de producto. Si es cierto que existe en nuestro país incertidumbre, es la misma que existe en la industria audiovisual o editorial a Inglaterra y Francia, por poner dos ejemplos. Pero también es cierto que con la digitalización se abre un mundo de oportunidades que acabarán conquistando aquellas iniciativas y culturas que parten del hecho como una oportunidad y no como una tragedia incontrolable de dimensiones inalcanzables. Partiendo como partimos en nuestro país de un conocimiento y experiencia en el sector audiovisual y editorial contrastado durante décadas, ¿cómo se pueden conquistar ahora en estos momentos tan trascendentales para el futuro? Sin duda para nuestra cultura es una gran oportunidad y quien no lo vea así no tiene nada que hacer. No olvidemos, por otro lado, que dentro de la industria cultural, y como contraposición a la digitalización, o al hecho virtual, se da un resurgimiento de la cultura presencial, como son los espectadores teatrales, musicales… que hace pocos años vivían en un proceso de retroceso de públicos alarmante.

Y llegamos al subsector del sector, que se denomina de la gestión cultural, en el que MagmaCultura estamos integrados y asumidos, donde la mayoría de iniciativas son dependientes de las instituciones, y que difícilmente se las llega a tener en cuenta en políticas industriales, económicas y culturales (ni dentro de la cultural, ni fuera). Y que a pesar de tener una amplia representación atomizada, con iniciativas que buscan en muchos casos la auto ocupación, cada vez tienen más incidencia y más peso específico en la cultura en todos sus ámbitos. Son proyectos que nacen y comienzan a funcionar desde una absoluta libertad y un interés radical por la cultura. Con grandes dosis de ingenuidad, sin formación específica en la gestión y organización empresarial, ni con organizaciones donde referenciarse en su día a día. Sin responsabilidades de gestionar ninguna institución o recurso cultural, de no tener ningún fondo bibliográfico para comercializar. Son iniciativas que una vez superados los estorbos de indefiniciones del propio sector, hacen un gran número de aportaciones de I+D a la cultura, son la innovación, y en muchos casos llegan a altos grados de especialización, generando nuevos productos, nuevas oportunidades de negocio para el sector, que hemos denominado de industria cultural. Y a la vez son una referencia ineludible para las instituciones culturales, a la hora de crear, dinamizar, comunicar, gestionar los mismos recursos y productos culturales. Existen numerosas iniciativas alrededor del territorio español, y en algunas del todo profesionalizadas, con un alto grado de excelencia y calidad, equiparables a empresas de otros sectores emergentes. A modo de ejemplo, nos encontramos al Grupo Xabide y Trànsit Projectes en la gestión de recursos sociales y culturales, A Portada en la comunicación cultural, Indissoluble y La Fábrica en la producción de exposiciones, ARTImetria, en consultoría cultural, etc. Empresas que no sólo son el resultado conjuntural de un momento determinado, son el resultado del trabajo de un sector económico emergente representado en las sociedades avanzadas que piensan y creen en la cultura como motor de cambio y de transformación social. Por eso desde todos los ámbitos de nuestra sociedad se ha de facilitar la integración y la normalidad de la gestión cultural y las organizaciones que la representan y que no sólo aportan presencia nueva en el panorama tradicional de la cultura, sino que también son el embrión técnico necesario para un cambio metodológico, conceptual y estratégico de la cultura y de la sociedad. Y sobre todo, sin complejos ni manías derivadas de una predeterminada manera de entender la cultura.

Artur Duart
MagmaCultura

Créditos imagen: feuilllu

#waf10 y su aplicación en el ámbito de la gestión cultural

Creo que el gestor cultural ha de ser inquieto, intrínsecamente inquieto. ¿A qué me refiero con inquietud? A mostrar interés por otros temas y sectores como el tecnológico, el científico o más cercanos, como el arquitectónico y el teatral.

El sector de la gestión cultural aún ha de aprender mucho de otros ámbitos, y opciones como el World Arquitecture Festival (WAF10) permiten descubrir cómo sí se deben hacer las cosas. Un congreso caracterizado por una correcta frialdad europea, un excelente cumplimiento horario y por personas que mostraron una prudente a la par que interesante cercanía. Un congreso de ‘hombres de negro’ con un único idioma: el inglés y sin posibles traducciones, donde primó la globalización arquitectónica a través de proyectos locales. Un congreso ‘global’ que se devino poco ‘típico’ y muy ‘abierto’ a la experimentación. El polo opuesto a los congresos ‘españolizados’ de conferencias eternas y con discursos, en muchas ocasiones, repetidos.

Si bien, es cierto que hablar de arquitectura, y sobre todo de su parte más práctica, los proyectos, es más entretenido y menos etéreo que teorizar sobre qué es el arte, o la situación de la cultura. Gracias a ello o no, WAF fue un congreso ameno, sencillo y nada pesado, donde incluso la dificultad de entender los vocablos técnicos arquitectónicos en inglés pasó a ser un tema baladí, frente al nivel de inteligencia arquitectónica que se respiró en el Centro de Convenciones de Barcelona del 3 al 5 de noviembre. Ésta era su tercera edición, y la ciudad de Barcelona ha demostrado una vez más, su buen hacer como anfitriona de grandes congresos internacionales. Una ciudad mediterránea con la que los asistentes demostraron estar encantados y que, gracias a su presencia, la convirtieron durante tres días en la cuna de la arquitectura, reuniendo a los estudios más destacados del panorama arquitectónico mundial.
La estructura del congreso era perfecta, y se desarrolló en cinco espacios:

-Gran sala de conferencias y seminarios. En ella tuvieron lugar los seminarios que demandaban un mayor aforo, así como la presentación de los proyectos que se adscribían al tema del festival de este año ‘Transformaciones’, además en esta sala se realizó la ceremonia de entrega de premios, en la cual se premiaba a un proyecto por cada categoría de las presentadas en el espacio de ‘Rooms’, finalmente los ganadores de cada categoría competían por el galardón de ‘Edificio del año’.

-Rooms. Un total de ocho espacios dedicados a las presentaciones breves de proyectos, divididos por temáticas: cultura, viviendas, edificios de uso mixto, educación, oficinas, vacaciones, deporte, salud, futuros proyectos residenciales, edificios para la comunidad, futuros proyectos comerciales, paisaje, futuros proyectos culturales, futuros proyectos experimentales, futuros proyectos de paisaje, futuros proyectos de salud, futuros proyectos de educación, futuros proyectos de infraestructuras, producción, energía y reciclaje, transporte, nuevo y viejo, futuros proyectos de planificación. El tiempo para presentar los proyectos era de 10 minutos, a los cuales se le añadían 10 minutos más de réplica por parte del jurado, formado en cada sala por tres profesionales. En cada ‘room’ se desarrollaba en el mismo momento la presentación de un proyecto, de manera que había que escoger entre ocho posibles presentaciones cada veinte minutos. Entre sala y sala podías conocer las últimas novedades del mercado editorial arquitectónico, estaban presentes publicaciones como AIT, 1:100, The Architects Newpaper, Arquine, The Plan, Yapi o The Architectural Review y también conocer proyectos como architravel o world-architects.com.

-Área de Sponsors. Un ambiente chill-out donde se realizaban los caterings mientras visitabas los stands de los sponsors y conocías el interesante proyecto OpenBuilings.com

-Galería de proyectos. Espacio dedicado a la exposición mediante paneles de los proyectos seleccionados para exponer, algunos de los cuales son seleccionados además para ser presentados en las ‘rooms’.

-Sala de Prensa. Sala con ordenadores conectados a Internet de uso gratuito para todos los asistentes.

El resultado es apabullante, más de doscientas presentaciones y conferencias, que provocan (sin ser experta en arquitectura) comenzar a mirar este arte con otros ojos, a fijarse en sus estructuras, en sus diseños, en sus usos, en su sostenibilidad, en su relación con el entorno, en sus texturas, en sus colores, en su forma, en su orientación, en su climatización, en fin, en todo eso que, si es enfermizo, te puede llegar a diferenciar del resto de los mortales…

En la categoría de cultura disfruté con las presentaciones de los arquitectos Chipperfield y Harrap que explicaron cómo están transformando el ‘Neues Museum de Berlín’, con la presentación de la remodelación de las salas de arte medieval y renacentista del Victoria & Albert Museum o del nuevo museo Moderna Museet Malmö. Además asistí a la presentación del que fue proclamado ‘Edificio del año’, el MAXXI de Roma, un museo del estudio de Zaha Hadid, desde donde se pronunciaron como ‘Diseñar un museo de arte contemporáneo es un sueño’.

Neues Museum de Berlín

Sala de Arte Renacentista, V&A Museum

Moderna Museet Malmö


Moderna Museet Malmö

MAXXI

MAXXI

También se presentaron proyectos en las otras ‘rooms’ de hospitales, facultades, centros de visitantes, viviendas, estadios de fútbol, estaciones de tren, edificios de oficinas, puentes, pabellones nacionales, colegios, incluso mezquitas casi-galácticas, como la Yesil Vadi y la del estudio FXFOWLE.

Yesil Vadi

Yesil Vadi

FXFOWLE

Mi impresión final es que Asia es la apuesta de futuro, los numerosos proyectos de Singapur hacen de ésta ciudad un viaje futuro casi obligado, una malasiana ciudad que contará próximamente con proyectos como ‘Gardens by the Bay’, un paraíso (no me atreví a preguntar el precio de esta obra ), o su futura Escuela de Arte.

Gardens by the Bay

Gardens by the Bay

Gardens by the Bay

Gardens by the Bay

Escuela de Arte

Aparte de las presentaciones breves, en la ‘Galería de Proyectos’ pude descubrir Woods of Net, Lyon Housemuseum, E N Z I, Escuela Fitzroy o Simplon Yard.

Woods of Net

Woods of Net

Añadir que me llevé tres sorpresas. En primer lugar, el alto grado de respeto que se demostró por parte de todos los asistentes, entre los arquitectos había gran respeto por los proyectos de los otros estudios, además no se oyó un sólo timbre de móvil y quiero pensar que éste es el futuro de todos los congresos, clases y conferencias, una concienciación de respeto hacia los demás. En segundo lugar, me sorprendió la poca ‘interactividad digital’ que hubo, con esto me refiero a que pocas personas fuimos las que hicimos uso del hastag #waf10 habilitado por la organización para comentar aspectos del congreso. Este recurso de twittear el evento (al menos en España) esta siendo cada vez más empleado, aunque obviamente requiere personal y equipos técnicos. De todos los tweets que se emitieron, destaco el de @rossturley#waf10 remind me good buildings can make the world a better place”. Por último, el turno de las no-preguntas, ese espacio al final de una conferencia donde el moderador invita al público a comentar, aquí no se dio ese turno, y me pareció perfecto, porque en la mayoría de las ocasiones son minutos donde toda la sala se queda en silencio hasta que el moderador vuelve a tomar la palabra para preguntar cosas que seguramente ya sabe de antemano. Aquí el tiempo apremiaba, eso sí, si en el coffe break querías hablar con él/ella no había ningún problema.

En principio este modelo de congreso puede parecer complicado de aplicar al ámbito de la gestión cultural, donde en numerosas ocasiones se repiten los mismos discursos que el conferenciante dio el año anterior, pensando que al año siguiente la gente no es la misma, o la misma charla que da año tras año a sus alumnos de facultad en su máster de gestión cultural. El modelo lo repite porque (cree que) le funciona, y es la ley del mínimo esfuerzo, la ley de ‘¿para qué preocuparme por actualizarme?’. Esta ley nos lleva a la repetición en bucle, pero hay que cambiar, hay que saltar esa barrera anti-conocimiento que impera en muchos ‘gestores culturales’, esa barrera llamada yo-no-me-muevo-de-mi-ámbito. ¿Qué hay de malo en ampliar el conocimiento en un congreso de jóvenes fotógrafos, de ricos arquitectos o de geeks hablando de conectividad? Es, fijándose en otros ámbitos más desarrollados, de donde se pueden extraer ideas innovadoras para aplicarlas al ámbito de la gestión cultural, es así cómo se podría perfilar el perfil del gestor cultural del futuro, un perfil abierto al conocimiento multidisciplinar y a la hibridación con otros sectores, luchando así contra la obsoleta idea de fronteras sectoriales. Querer es poder, un gestor cultural del siglo XXI ha de ser capaz de levantarse de su silla, entrar en un congreso de tecnología, ciencia o economía y aplicar esos inputs en la renovación de la gestión cultural. En caso contrario, seguiremos oyendo el mismo discurso y acordándonos de la célebre frase de Fray Luis de León, que después de volver a dar clase tras estar cinco años encarcelado, repitió, cómo hacia cada día para recapitular lo explicado el día anterior, ‘Decíamos ayer’…

Pero hay que decir hoy y mañana, no ayer. Este modelo WAF se podría aplicar a un congreso de gestión cultural, siempre y cuando contase con un partner de la categoría de GROHE o fuera organizado por una administración capaz de financiar un congreso internacional. El espacio de seminarios, igualmente podría estar focalizado cada año en un tema vinculado con la gestión cultural, como su formación, la relación entre el sector privado y público, las redes culturales, la cultura en la red, etc. Así mismo las ‘rooms’ podrían acoger presentaciones cortas de proyectos o estudios realizados, explicando cómo surgió, qué metodología se utilizó, cómo se implementó, qué resultados hubo, etc. Cada ‘room’ podría centrarse en un tema concreto: Artes Plásticas, Artes Escénicas, Turismo, Economía de la Cultura o Centros de Interpretación, entre otros. El modelo es enriquecedor, dado que se mostrarían experiencias de todo el mundo y crearía un entorno de feed-back muy necesario en cultura, ahora bien, su implementación, se torna casi un sueño, al menos en el actual momento de crisis.

Pilar Delgado
MagmaCultura

Museología comprometida

Hasta el 28 de noviembre de este año tenéis la oportunidad de ver la exposición Darfur, imágenes contra la impunidad en el Palau Robert de Barcelona.

Al margen de lo que podamos opinar o no de la exposición y de la calidad de sus imágenes, cantidad, montaje expositivo, elementos museográficos, de contextualización, etc., esta exposición nos hace reflexionar sobre un tema importante, que es justamente el papel que puede tener este formato para sacar a relucir y denunciar situaciones sociales absolutamente trágicas que ocurren ahora y aquí, en este mundo nuestro tan desequilibrado y tan injusto.

El Palau Robert abre las puertas de par en par a las exposiciones de contenido social y es por eso que, con estas palabras, quiero agradecer a sus programadores la valentía de esta línea temática.

Gracias por abrirnos los ojos no sólo a la cultura, sino también al mundo que nos rodea, gracias por ser atrevidos, por intentar darnos herramientas que nos ayuden a abrir los ojos, por ofrecer un espacio de reflexión y de conexión con aquéllos que desgraciadamente han nacido en el lado oscuro del planeta.

Más información sobre el conflicto de Darfur.

Ester del Carmen
MagmaCultura

Reflexiones galácticas y culturales

Desde la cultura siempre hemos sacralizado la letra impresa. “Para publicar cualquier cosa se tiene que hacer un gran esfuerzo”, afirmamos…, o “no siempre la inspiración la tenemos junto al escritorio” , o “hace falta una editorial dispuesta a asumir los riesgos editoriales”. Sin libros no hay escritura? Dejar escritos unos pensamientos, unas ideas, que pueden permanecer sobre el papel y nos pueden hacer frente en cualquier momento, nos asusta. O que alguien lea el texto y nos lo pueda rebatir. Lo pensamos y nos justificamos porque estamos condicionados todavía por una visión idealizada de la escritura y por unos parámetros desfasados de la cultura.

Y nada ya no es así hoy en día. La letra digital, sustituta en muchos casos de la letra impresa, es un medio potente para normalizar la escritura, e incluso para democratizarla. Los canales de comunicación se han multiplicado infinitamente. La red facilita todas las posibilidades comunicativas, que pueden ser especializadas o particulares, unidireccionales o multidireccionales. A tu gusto y medida, sin problemas y a la carta. Todo el mundo puede tener su pequeño medio o publicación para introducir sus pensamientos, reflexiones, sin otra trascendencia que la de dejar constancia del día a día. Este escrito puede llegar a ser un ejemplo fehaciente de lo que estoy diciendo.

Hoy en día se escribe más que nunca en todas las direcciones y formatos, se intercambian más contenidos que nunca, y parece que el sector cultural no se dé cuenta, puesto que no proliferan las intervenciones de los profesionales y los medios tradicionales a la hora de generar contenidos dentro de la red. Tenemos nuevos medios a nuestro alcance que soportan texto, imagen, vídeo y música con una inmediatez inimaginable hace pocos años. Y estos nuevos medios se especializan y se estructuran alrededor de determinados gustos y necesidades de los mismos usuarios, unos que generacionalmente ya están inmersos, otros que intentamos adaptarnos con esfuerzo y tenacidad. Todos nos hemos convertido en community manager en nuestro ámbito personal, generando nuestra propia red y definiendo el perfil dentro del universo digital e intercambiando nuestros contenidos y los que nos vamos encontrando por el camino. Y dentro de este universo digital nos adentramos en nuevas galaxias llenas de formas vivientes de todos los colores que nos invitan amigablemente a ser pilotos de naves intergalácticas. Esta es la grandeza del propio fenómeno, la facilidad y la accesibilidad a los medios para poder iniciar un viaje hacia el futuro, poder ser generador de tus propios contenidos para tu propio medio y para cualquiera otro medio por el solo hecho que lo consideras interesante o te identificas con lo que dicen o lo que dices. Sin nada a cambio, sólo con la intención de comunicarte. Y entre estas galaxias nos encontramos la blogosfera, espacios siderales donde gravitan los blogs o los webblogs alrededor de comunidades, grupos sociales o de intereses profesionales que facilitan la comunicación y el conocimiento transversalmente y específicamente. Estos tienen una fuerte presencia e incidencia en el mundo político, el de la comunicación y el literario, y paradójicamente, poca representatividad en museos, centros culturales y otros ámbitos de la gestión de la cultura. Pero, a pesar del vaticinio de su decadencia por parte de algunos especialistas, de su declive ante la presencia estelar de nuevos planetas iluminados por el sol benefactor de las redes sociales, los blogs se han convertido en un medio imprescindible para la cultura y su gestión. Un medio convertido en una herramienta de trabajo, de comunicación de experiencias, una manera más de articular la relación profesional como gestor cultural y entre gestores culturales. Como experiencias interesantes tenemos el blog que narra a tiempo real las excavaciones arqueológicas en busca del templo de Augusto en la Catedral de Tarragona, o el blog del dinamizador artístico de la red, u otro ejemplo el blog de dosdoce. Ejemplos que son muestras de una realidad presente e irrenunciable para cualquier institución o equipo de la gestión de la cultura.

Un sector como el nuestro necesita medios para dar a conocer los contenidos de los proyectos culturales que se fundamentan en intangibles como por ejemplo la educación en valores. Los blogs son una herramienta imprescindible para dar a conocer lo que hacemos, como lo hacemos y por qué lo hacemos; un espacio para poder hablar de proyectos, de nuestro compromiso con la cultura y nuestra particular manera de trabajar para la sociedad. Un blog en la gestión de la cultura tendría que ser un espacio profesional y íntimo, la expresión de la manera de hacer, de pensar, de interpretar la cultura, en definitiva, la fotografía personal de lo que somos como gestores culturales.

Ahora, para escribir no nos hace falta el ritual del escribiente de antaño ni toda la complejidad para poder encontrar los medios que faciliten la llegada de las palabras a un determinado segmento de lectores. Tenemos los blogs con todo su futuro por delante.

A pesar de todos el cambios, un espacio para la palabra continúa siendo una oportunidad.

Artur Duart
Director General de MagmaCultura

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