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Crowdfunding. ¿El dinero corre o vuela?

Una de las primeras necesidades de la cultura en época de crisis es la financiación, la otra el público. Además, resultan una dualidad indisociable: si no tenemos dinero, no podemos tener público, y si no tenemos público no podemos tener dinero. Parece de una lógica aplastante aunque no siempre ha sido así. En muchos proyectos del pasado el público no ha sido necesario para tener dinero, y no hace falta poner alguno de los ejemplos que todos conocemos, y otros proyectos o propuestas culturales no han tenido dinero a pesar de tener público. Son contradicciones propias de la cultura, que en algún momento se tendrían que superar con criterios objetivos, propios de cualquier sector productivo.

Pero continuemos con el objeto del escrito y no nos andemos por las ramas, con la exposición de una reflexión que me llevaría a posiciones totalmente enfrentadas con algunos de mis compañeros de profesión. Pues llega un nuevo modelo de sistema de financiación de la cultura, el crowdfunding, modelo de participación económica basado en la identificación con el proyecto y la participación individual de pequeños inversores. Inversores que identifican y comparten la concepción democrática y altruista de la cultura, e inversores (más bien pequeños inversores) que esperan una rentabilidad de sus ahorros, adoptando un compromiso con el mismo proyecto.

Es un modelo que ha provocado mucho alboroto, y que seguramente tiene su precedente inmediato en la campaña de financiación de Obama en los Estados Unidos. Modelo que no pretende superar la deserción masiva de los partners actuales y la reducción de las inversiones por parte de las administraciones, pero que pretende dar aire fresco al estropeado sistema financiero de la cultura. Y llegado este momento nos encontramos iniciativas del todo interesantes como son la campaña de financiación de la película El cosmonauta, con 2.576 productores, o el proyecto de restauración de libros antiguos ¡Apadrina un libro! Conserva el futuro, preserva el pasado, de la magnífica biblioteca del Ateneo Barcelonés. También hemos visto como la gran cultura, representada por las grandes instituciones, viendo el invento y ante la asfixia económica que viven, se han apuntado al carro del crowdfunding para alcanzar algunas de las dinámicas tradicionales, como son la adquisición de obra para museos (propuesta lanzada por el museo del Louvre).

El crowdfunding no es ningún invento, seguramente lo que es más innovador es la utilización de la red como sistema de comunicación y de participación de los nuevos espónsores de la calle. Como experiencias más relevantes de esta modalidad tenemos el sistema de financiación de la construcción de la Sagrada Familia, la cual, de acuerdo con los objetivos fundacionales, se hace a partir de las aportaciones de los ciudadanos, aunque desde hace años en estas aportaciones se ha añadido la modalidad de entrada de pago para crear nuevos sistemas de ingresos. Seguramente toda esta gente que participa en la producción de una película también tendrá garantizada la entrada al estreno en su ciudad. Como he dicho, no es un modelo nuevo, es un modelo que se actualiza y coge representación a medida que la crisis aprieta el cuello de las instituciones y de los proyectos con más fuerza. Felicitarnos por la capacidad de actualizar nuevos modelos de financiación mediante la sensibilización y que facilitan la viabilidad de los proyectos.

Pero esta dualidad de que estamos hablando, de financiación y público con la modalidad de partners, nos tiene que abrir la posibilidad de reflexionar no sólo sobre la necesidad de producir y adquirir obra, sino sobre el retorno que tiene que tener en la persona o institución más allá del prestigio o la emotividad que da vincularse a un proyecto cultural. Seguramente las grandes empresas han huido a la mínima de cambio de sus colaboraciones porque desde la cultura no hemos sabido aportarles nada más que identificación con un proyecto, y han sido ellos mismos los que han tenido que interpretar qué uso directo tiene o cuál es su supuesto valor. Y es aquí donde tenemos que entrar con fuerza, para que no nos pase lo mismo con los nuevos espónsores que ponen el dinero y las emociones al participar en un proyecto de salvaguardia del patrimonio, de adquisición de obra de arte o de facilitar una producción. Tenemos que incorporar un modelo de gestión eficaz, operativo, creativo que prolongue las expectativas de todos los participantes con aspectos que vayan más allá de los puramente formales y de identificación.

El patrocinio, con todas sus modalidades, se tiene que ver recompensado por el incremento de público. Y para que confluyan los intereses de instituciones (financiación) y público es preciso pasar de la dualidad a la trilogía, donde la gestión sea la tercera pata. La gestión es el elemento clave para facilitar y garantizar la viabilidad de cualquier proyecto, partiendo de la definición de objetivos de rentabilidad social y económica y de la búsqueda de resultados concretos, que pasan, entre otros, por la creación y la identificación del proyecto con las nuevas audiencias.

Y si somos capaces de modificar el modelo de financiación a partir de fórmulas creativas que faciliten la captación de recursos, tenemos que ser capaces de adaptar y generar nuevos productos que interesen a las nuevas audiencias. No cabe duda que los patrocinadores, sean individuales o institucionales, se sentirán mucho más interesados en continuar participando en el proyecto.

Artur Duart
MagmaCultura

Futuroscope … ¿futuro de que?

La incorporación del mundo digital a la gestión de proyectos está experimentando un cambio radical en su diseño y configuración espacial. Las herramientas digitales y las redes sociales asociadas han adquirido un papel central en su configuración. No puede ser de otra manera, las generaciones digitales (aquéllas que han nacido con un ratón bajo la mano) ya empezamos a coger peso dentro de una sociedad cada vez más cambiada. Y todo pasa por la superación de las barreras que los analógicos hemos puesto para sentirnos “modernos”.

Hoy en día ya no se puede hablar de un proyecto cultural sin entenderlo desde una perspectiva que integre de una forma global todas las oportunidades que nos ofrece el mundo digital. Y en este mundo cambiante donde todavía hoy la generación analógica ostenta buena parte del poder de gestión y condena a los jóvenes al desempleoe, la apuesta por el mundo digital sólo adquiere protagonismo de forma subsidiaria.

Primero se diseña un proyecto, después nos centramos en la web y finalmente abrimos un perfil en Facebook. Y con eso ya nos vamos contentos pensando que hemos incorporado a nuestro proyecto analógico una perspectiva digital. Y señores/as las cosas ya no funcionan así, y sino fijémonos en los mundos virtuales que ofrecen los juegos en línea que se han convertido en espacios políticos donde, por primera vez, se han puesto en marcha revoluciones globales para cambiar las normas establecidas por el propio juego (y por su propietario).

Ya no hablamos de herramientas complementarias sino de espacios centrales de relación. ¿Por qué no nos podemos imaginar el espacio virtual de una exposición que sea un espacio relacional central de la propia exposición? Por qué un Reina Sofía necesita ser visitado para ser un centro de referencia del arte contemporáneo? ¿Si las cosas importantes están pasando en la red, por qué se continúa focalizando las políticas de difusión en los continentes y los contenidos de una colección? No sería una apuesta de futuro diseñar los proyectos museográficos centrándonos primero en el mundo digital?

Dejadme poner un ejemplo. Si entráis en la página web de Futuroscope (centro de ocio y paradigma del futuro de Europa) os encontraréis todos los tics de una visión analógica que quiere ser digital. Podréis comprobar que todo aquello que hace “moderna” una página web está presente: enlace en Facebook, Twitter, un blog, una revista digital, un catálogo interactivo, incluso hacen concursos de creación literaria en catalán (con presentación en castellano). Ahora bien, todas las plataformas siguen el mismo objetivo de “vender entradas” porque nacen como complementos del gran proyecto analógico (el parque de atracciones). Y como este ejemplo centenares de proyectos que, desde una perspectiva analógica incorporan con mayor o menor gracia el mundo digital.

Quizás si cambiamos en la forma de orientar los proyectos y los centramos en el entorno del mundo digital conseguiremos entrar en el siglo XXI.

Arnau Vilardell
MagmaCultura

14ª Festival Internacional de Payasos de Cornellà

“Si sois de los que pensáis que los payasos son exclusivamente para los niños es que todavía no habéis ido al Festival Internacional de Payasos de Cornellà”.

Desde el 9 de noviembre hasta el 28 se desarrolla el esperado Festival Internacional de Payasos de Cornellà. Memorial Charlie Rivel en su 14ª edición. En Cornellà, el Festival es un acto muy amado por los ciudadanos, bianualmente los habitanes de Cornellà participan de todas las actividades que ofrece el Festival a lo largo de 10 días, tanto para niños como para adultos. Desde 1984, el Departamento de Cultura del Ayuntamiento de Cornellà gestiona y organiza el Festival, contando con el patrocinio del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música, la Generalitat de Catalunya y la Diputación de Barcelona. Este Festival nació como homenaje al clown catalán Charlie Rivel, cuyo objetivo era, y es dar a conocer los diferentes registros del mundo del payaso, del circo y del humor; desde el tradicional cara-blanca hasta los números más innovadores e imaginativos.

A lo largo de los años, han participado en el Festival payasos de renombre internacional provenientes de Suiza, Estados Unidos, Francia, Rusia, Bélgica, Argentina, Perú, Portugal, Cataluña…, maestros de la carcajada como Slava Polunin, Miliki, Leo Bassi, Les Luthiers, Bello Nock, Toto Chabri & Co., Los Martini, Andrei Jigalov, el Màgic Andreu o Tortell Poltrona, entre muchos otros. En esta edición 2010, aquellos que quieran despertar al niño que fueron podrán disfrutar de los espectáculos de los hermanos Poltrona, los Pallapupes, Umbilical Brothers, Lolita Corina, los Okidok, Pepa Plana, Chacovachi y Teatro Necesario entre otros.

En la plaza Catalunya de Cornellà se instaló la gran carpa donde se realizaron los espectáculos principales, como la gala ALAPISTA! de inauguración y clausura del Festival. Pero hay otros espacios donde se pudo disfrutar de los espectáculos, muestras, talleres de magia, de risoterapia, exposiciones de fotografía, documentales y cuenta-cuentos. Estos espacios estuvieron en la calle (ALAIRE!) –plaza Cataluña, plaza de L’Església y plaza Sant Ildefons–, en el circo principal (ALAPISTA!), en las escuelas de la ciudad (ALCOLE!), en la Biblioteca Municipal y la Biblioteca Marta Mata (ALABIBLIO!) y en diferentes centros culturales y de ocio (DES-PISTATS!), como la sala Romagosa, la sala Pisa, la Fragua de les Arts o el Museo Agbar de les Aigües. No dejéis de ir a vivir un festival lleno de colores y carcajadas que, sin duda, no os dejará indiferentes. Las entradas del Festival se pueden adquirir en el Tele-Entrada de Catalunya Caixa en la oficina del Festival (Centro Cultural Joan García Nieto, c/ Cura Andreu, 17) y en las taquillas de los espacios de actuación.

Más información en la página web del Festival.

Alba Gallardo
MagmaCultura