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Museología comprometida

Hasta el 28 de noviembre de este año tenéis la oportunidad de ver la exposición Darfur, imágenes contra la impunidad en el Palau Robert de Barcelona.

Al margen de lo que podamos opinar o no de la exposición y de la calidad de sus imágenes, cantidad, montaje expositivo, elementos museográficos, de contextualización, etc., esta exposición nos hace reflexionar sobre un tema importante, que es justamente el papel que puede tener este formato para sacar a relucir y denunciar situaciones sociales absolutamente trágicas que ocurren ahora y aquí, en este mundo nuestro tan desequilibrado y tan injusto.

El Palau Robert abre las puertas de par en par a las exposiciones de contenido social y es por eso que, con estas palabras, quiero agradecer a sus programadores la valentía de esta línea temática.

Gracias por abrirnos los ojos no sólo a la cultura, sino también al mundo que nos rodea, gracias por ser atrevidos, por intentar darnos herramientas que nos ayuden a abrir los ojos, por ofrecer un espacio de reflexión y de conexión con aquéllos que desgraciadamente han nacido en el lado oscuro del planeta.

Más información sobre el conflicto de Darfur.

Ester del Carmen
MagmaCultura

Granada: una ciudad por descubrir

Hace dos semanas visité Granada por primera vez, y me impresionó. La verdad es que me esperaba visitar una ciudad con encanto, pero no tanto. Sus costumbres, sus calles, sus monumentos y por supuesto su gente están impregnados de una magia especial. Lo que más me llamó la atención es la amabilidad de las personas, el darlo todo sin esperar nada a cambio, el ofrecer sin que les pidas nada, en fin maneras de vivir que hacen que el carácter de las personas se adapte a formas de vida diferentes.

El primer día caminé por el casco antiguo de la ciudad, por sus calles estrechas y adoquinadas en las que de una u otra forma, aún está presente el arte musulmán que dejaron a su paso durante la época de Al-Andalus las distintas dinastías, un arte que aún sobrevive ¡y de qué manera!

Continuando el recorrido encontré, al final de uno de sus callejones, la Catedral. Cuando la admiras, te parece mentira que esa construcción de principios del siglo XVI siga en pie prácticamente intacta. Y unos pasos más allá te encuentras con el barrio del Albaicín, realmente un choque de estilos y culturas muy diferentes pero que enriquecen la parte artística de la ciudad. Subiendo a pie por el barrio del Albaicín llegué al mirador de San Nicolás, donde pude admirar toda la ciudad de Granada, y tomando absoluto protagonismo, ví por primera vez la Alhambra.

Realmente se alzó ante mis ojos predominando el color rojizo de sus muros de donde ha heredado su nombre. A los dos días tenia la visita programada a ese fantástico lugar.

Cuando entré en la Alhambra, inicié la visita por el Generalife, realmente no te das cuenta de la magnitud del lugar hasta que estás dentro y descubres un jardín tras otro, sin duda sorprende la constante afluencia de gente que los visita al cabo del día. Mientras paseaba por los diferentes jardines no paraba de pensar cómo vivirían allí siglos atrás, que costumbres diarias tendrían, y sobretodo en la suerte de vivir o tener un lugar así para evadirse del día a día y de su vida oficial.

Si tuviera que elegir una parte de la Alhambra me quedaría con el Generalife y los Palacios Nazaríes, en ese orden. En cada rincón de los Palacios Nazaríes descubres un detalle artístico de la cultura musulmana, y en el Patio de los Leones es donde descubres una de las grandes muestras de la escultura musulmana, reflejada en un mármol blanco en un inmejorable estado de conservación.

Como persona que trabaja en el ámbito cultural, me fijé mucho en aspectos como la información y atención que se daba al público, que me pareció inmejorable. A la entrada te dan un folleto explicativo de toda la Alhambra y luego en cada sala hay puntos de información tecnológicos, donde te puedes descargar más información mediante tecnología bluetooth. En general, el mantenimiento es muy alto, prestan gran atención en la conservación de su rico patrimonio, constantemente encuentras jardineros, barrenderos, personal de mantenimiento, etc. para que todo esté perfecto, algo que debe ser tarea complicada debido a la gran extensión territorial que ocupa la Alhambra. Además dentro de los pabellones el personal de seguridad esta muy pendiente de que no se coma ni que la gente se siente en lugares inadecuados.

Pero creo que hay dos aspectos que creo se podrían mejorar, por un lado, los itinerarios, ya que depende por donde empieces la visita tienes que retroceder y por otro, la escasez de fuentes de agua potable en un recinto tan grande y teniendo en cuenta que esta situado en una de las ciudades más calurosas de la geografía española.

Quizás hubo una parte de la Alhambra que me decepcionó, el Palacio de Carlos V, pero no por el espacio en sí, sino por los limitados lugares a los que tuve acceso para visitar una vez dentro. Me esperaba visitar las alcobas o alguna otra habitación para poder comprender mejor su estilo de vida, pero no fue posible.

En fin, Granada me cautivó en su totalidad. Si aún no conocéis Andalucía, empezar por visitar Granada, ¡no os decepcionará!

Ruth Cano
MagmaCultura

¿Turismo en la ciudad o la cultura en el turismo?

Ahora, al volver de vacaciones, los técnicos de los equipamientos culturales harán una valoración de cómo ha funcionado la temporada veraniega. Analizarán los resultados de públicos, poniendo especial atención en los públicos turísticos, públicos especialmente activos y dinámicos durante estos meses hasta el punto de alterar o modificar nuestras previsiones para todo el año. Esta gente que, a pesar del calor, recorre las calles cámara en mano en busca de algo para fotografiar y con quien, en la práctica, todos nos sentimos identificados cuando cogemos un avión, tren o barco para hacer alguno viaje hacia el norte, son los visitantes de nuestras ciudades, deseosos de consumir todo lo que les indican las guías y webs turísticas (porquerías incluidas), que acaban convirtiendo algunos equipamientos y espacios patrimoniales en auténticas aglomeraciones y provocando que la gestión sea más compleja. Para otros, en cambio, son un medio deseado para justificar una gestión basada en resultados cuantitativos. “Si tenemos gente, parece que todo funciona más fácilmente, y más en tiempo de recortes presupuestarios”, me comenta un amigo, director de un centro cultural.

Y todo está a rebosar de turistas, turistas aglomerados y conglomerados en pocos espacios de la ciudad, que centrifuga sus habitantes de los espacios tradicionales, convirtiendo centros históricos en verdaderos parques temáticos. Pero se trata de un turismo en muchos casos testimonial: “Yo estuve allí”, podrán decir. Mientras tanto dejan de lado otras propuestas, equipamientos o rincones de la ciudad que nos gustaría enseñar como ciudades receptoras, espacios que hoy por hoy, no sabemos por qué, no son competitivos y de interés para una gran parte del turismo. Equipamientos o recursos que en muchos casos los propios responsables clasifican con la categoría de “local”, “por esto no vienen”, dicen… pero no es del todo cierto. No vienen porque no existen en la oferta turística de ninguna de las maneras. Hojead guías y webs. Existen marcas o núcleos de interés turístico y poco más. Los grandes equipamientos se presentan como marcas de autor de determinados espacios patrimoniales, que aparecen aislados de su contexto histórico, son nodos de visita obligatoria pero que podrían estar en Singapur o desmontados y vueltos a montar al “The Cloister” en Nueva York, y no pasaría nada, si no has ido no has ido.

Incluso ciudades y países se han convertido en productos publicitarios alejados de las singulares realidades sociales y culturales, asimilables al modelo turístico de resort implantado en muchos países. ¿Quizás hay que aspirar al museo-resort? ¿Cuánta gente visita los grandes museos parisienses y no conoce la ciudad? ¿Y cuánta gente recorre los monumentos aztecas o incas sin conocer los países que los albergan? La realidad es que la oferta turística se convierte en muchos casos en un puzle absolutamente incomprensible e indigerible. Descubrir Gaudí sin conocer el modernismo, o aproximarse al modernismo sin ni siquiera husmear la revolución industrial, andar con un sombrero mexicano por Las Ramblas de Barcelona o ir a un espectáculo de sevillanas y acabar la velada comiendo una paella en un restaurante argentino podría ser muy atractivo para el movimiento surrealista o para el consumo zapping.

Ahora bien, a pesar de este desequilibrio, el consumo turístico es totalmente indisociable del consumo cultural. O hasta me atrevería a afirmar que no nos tendría que interesar ningún turismo que no venga asociado al hecho cultural. La banalización es un peligro que se cierne sobre la globalización, sobre todos los ámbitos de la sociedad. Es necesario que en todo fenómeno turístico esté presente el hecho cultural como expresión social y resultado de lo que somos y de lo que representamos, y también como garantía de sostenibilidad del mismo fenómeno turístico, depredador en muchas ocasiones cuando no se ha tenido en cuenta las fragilidades del entorno ni la propia cultura.

Apostamos, pues, por una cultura del turismo de calidad para la ciudad que lo recibe, para sus ciudadanos. Sólo con la cultura el turismo tiene futuro. Si aspiramos, como sociedad moderna, a que la cultura sea el eje vertebrador de nuestras ciudades, si queremos que la experiencia de conocernos vaya más allá de los tópicos, necesitamos que el turismo sea un verdadero motor y que aporte valores. Por eso, el turismo tiene que ser cada vez más cultural, no se puede entender como una especificidad o una afección a los intereses particulares de una minoría o un recurso más para singularizar la oferta. Es necesario que nuestros equipamientos y recursos culturales se pongan al día, no sólo en su presentación (cuya puesta en valor se ha realizado, en muchos casos, actualizando programaciones y museografia), sino también en su estrategia, en su participación en el diseño de las políticas turísticas, en la voluntad de estar presente en el mapa de recorrido turístico como antídoto contra los tópicos de la banalización y la descentralización de los recursos culturales en el conjunto de la oferta turística. Es por eso que el propio recurso patrimonial o equipamiento debe interpretarse e integrarse en el discurso turístico que sólo el territorio y la ciudad puede completar y hacer comprensible, con la participación y la complicidad de sus ciudadanos. Porque la ciudad es la máxima expresión de nuestra cultura y difícilmente tiene que ser otra cosa.

Artur Duart
Director general de MagmaCultura

Visita guiada a los fondos del MNAC. La colección no expuesta de un gran museo

El domingo 8 de agosto asistimos a una especial visita guiada, un recorrido al fondo de reservas del Museo Nacional de Arte de Cataluña (Barcelona), una experiencia muy recomendable.

Desde el 16 de abril el Museo Nacional de Arte de Cataluña ofrece la posibilidad de conocer sus fondos mediante una visita guiada que permite conocer los entresijos de este gran museo. Durante este curioso paseo pudimos ver una cara del museo que habitualmente está cerrada o sólo abierta en ocasiones especiales. Por sólo 5 € hemos podido caminar por las salas donde descansan maravillosos retablos, pinturas y monumentales esculturas que permanecen escondidos esperando ver la luz.

La colección permanente que el MNAC expone sólo representa un 15% (4.617 piezas) del total de su fondo, compuesto por 267. 255 piezas. El otro 75% se encuentra en diferentes reservas según su tipología (piezas de gran formato, monedas, dibujos, fotografía, escultura en piedra, etc.). En estas salas se guardan un gran número de piezas bajo altas medidas de seguridad (alarmas, controles de humedad, temperatura). Estas medidas tienen un doble objetivo con respecto a nuestro patrimonio artístico: en primer lugar, la protección (extinción automática de incendios, seguridad contra intrusión y robos) y, en segundo lugar, la conservación (control de contaminación y plagas). No hay que olvidar la exhaustiva tarea que impone el registro detallado, estudio completo y documentación gráfica de la pieza para conseguir la identificación y el marcaje de cada objeto de arte en fichas que permiten conocer toda su historia. Además, se realiza un cuidadoso y estricto protocolo para la manipulación y el movimiento de los objetos, acciones que forman parte de las tareas de conservación.

También pudimos ver grandes pinturas de gran formato enrolladas, como el Gran dia de Girona, que se encuentra en fase de restauración y será depositada en el hospital de Girona. Sobre esta obra nos sorprendieron las fotografías que documentaron el momento en el que los restauradores y técnicos desplegaron la pintura para hacer una evaluación de su estado de conservación. Debido a sus dimensiones, la acción se tuvo que llevar a cabo en la sala oval del museo, donde se pudo realizar un cuidadoso y metódico estudio de la pintura.

Este recorrido por las reservas permite conocer de primera mano y adentrarse en cuatro de las trece salas destinadas a este fin en el MNAC. La visita empieza con una presentación en la sala del auditorio del museo, donde se relata cómo se conformó el actual MNAC y su historia a través del tiempo. Descubrimos que un museo de estas características, por volumen de obra y edad, no está exento de avatares políticos.

Con respecto a la historia del museo, en un primer momento nació como Museo Provincial de Antigüedades, en el año 1880, en el que se expuso todo al público barcelonés. El lugar elegido para abrir la colección fue en el centro del barrio gótico, dentro de la capilla real de Santa Ágata, datada del siglo XIV. Posteriormente y después de varios cambios, ya en el siglo XX, pasó a denominarse Museo de Arte y Arqueología. Entre los años 1904 y 1915 la sede estuvo en el parque de la Ciutadella, donde ya existía un criterio de presentación rotativa de las piezas. Para dar a conocer todo sus fondos en el año 1934 se denominó Museo de Arte de Cataluña, momento en el que destaca la voluntad de exponer la colección de arte catalán de época moderna.

En 1990, ya en Montjuïc las reservas del MNAC estaban ubicadas en la planta del sótano, la actual sala de exposiciones temporales. Ahí los criterios de ordenación se encontraban todavía en una fase muy primitiva, una foto documenta cómo las pinturas y las esculturas descansaban en el suelo y sin ordenación aparente. Dos años más tarde, se incorporó un sistema con una estructura metálica de rejas que permitía colgar las pinturas con un doble objetivo: por un lado, organizar el espacio y, por otro, evitar al máximo que las obras de arte sufrieran o se vieran dañadas. Así, poco a poco, se ha ido conformado un cuidadoso protocolo que hace posible que las obras que contiene el museo permanezcan a la espera de salir a escena en un confortable sueño.

Datos prácticos
La visita tiene un coste de 5 € y los horarios para poder disfrutarla son:
-Viernes (16.30 h)
-Sábados (10.30 h)

La duración de la visita es de dos horas, se realizan en catalán y en castellano, en días alternos por grupos conformados por un máximo de 15 personas. La visita no está adaptada a personas con movilidad reducida, ni diseñada para los menores de 12 años. Los mayores de 12 años y menores de 18 años deben ir acompañados de adultos.

Durante la visita, y por motivos de conservación y seguridad, no está permitido fotografiar ni tocar las obras de arte ni otros elementos del mobiliario de las reservas.
Inscripción y reservas: (+34) 93 622 03 75

Más información, aquí.

Pilar Delgado/ Verónica Bernadac
MagmaCultura